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Autores
Realizado por Juliana Salles Almeida con la colaboración de José Luis Vivero y Walter Belik. Se agradece la contribución de Andrés Pascoe y Pablo Loschi de FAO RLC.
Llevado a cabo en la División de Comercio Internacional e Integración de CEPAL a solicitud de la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre, un proyecto de FAO.
128 páginas, Santiago de Chile, 2007.
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Resumen
América Latina es una de las regiones más desiguales y endeudadas del mundo. Tras años de políticas de ajuste económico y problemas derivados de la deuda externa, persiste una enorme brecha económica y social entre los ciudadanos. El lento avance en la consecución del Primer Objetivo del Desarrollo del Milenio (reducción del hambre y la pobreza) reside principalmente en la insuficiente inversión pública en el sector social, de forma eficiente y constante.
La carga que los servicios de la deuda representan para las finanzas públicas afecta la capacidad de los Estados de llevar adelante políticas sociales y de asignar más recursos a programas de reducción del hambre. A nivel regional, el pago de servicios de deuda es 3 ó 4 veces mayor que el gasto público en salud y nutrición, y cinco veces más que el gasto agrícola y rural. Ante esta situación, la búsqueda de alternativas para este problema se ha transformado en un tema prioritario de la agenda internacional de los últimos años.
A pesar de que existen experiencias anteriores de Canje de Deuda, hasta ahora ninguna de estas iniciativas se ha focalizado en los más pobres de los pobres, los más excluidos: los hambrientos. Una alimentación suficiente y de buena calidad debe convertirse, en el más breve plazo, en un componente central del desarrollo. De hecho, una correcta alimentación es condición indispensable para mejorar no sólo la salud y la supervivencia de las generaciones actual y futura, sino también las oportunidades de salir de la pobreza.
Así, el uso de fondos de canje de deuda para apoyar, complementar o ampliar programas públicos de seguridad alimentaria ya existentes o que estén siendo formulados, representa una propuesta más eficaz de combate al hambre, ya que el Estado es el actor principal de las políticas sociales de largo plazo y es el que tiene el principal compromiso con el desarrollo. Si la lucha contra el hambre forma parte de una política pública y, por lo tanto, existe un compromiso de Estado con los resultados a alcanzar, el canje de deuda por alimentación puede ayudar a complementar los presupuestos nacionales con un flujo abundante, predecible y consensuado.
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