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SALUD PUBLICA

A pesar del peligro que representa para los humanos el gusano barrenador en áreas endémicas, es principalmente una plaga de animales domésticos y silvestres. Por ejemplo, mientras muchos miles de casos en animales fueron reportados en la parte sur de EE.UU., en 1935, se registraron menos de 100 casos en humanos. Pero a pesar que el ser humano no es huésped primario del gusano barrenador, un brote del parásito en los animales casi seguramente irá acompañado con infestaciones en humanos. Históricamente los casos de infestación en animales han sido directamente proporcionales al nivel de miasis en humanos. Por lo cual el control o erradicación de la plaga de las poblaciones animales domésticas y silvestres trae consigo el control y erradicación en la población humana.

No es difícil prevenir a los seres humanos del GBG, precauciones sencillas tales como cubrir heridas, serían más que suficientes. Generalmente las infestaciones en los humanos ocurren en personas debilitadas o mentalmente inestables, quienes son incapaces de cuidarse por sí solas y no son capaces de repeler “los ataques” de las moscas del GBG. Las excepciones son las personas con heridas, que pueden estar poco conscientes del peligro y se “echan una siesta” a la intemperie en un período del día en que las hembras grávidas del GBG son activas.

La profesión médica requiere estar consciente del peligro en todas las áreas endémicas del GBG y GBVM, particularmente en áreas amenazadas por primera vez por una epidemia. Cuando existe un brote en un área previamente libre, la población humana deberá estar alerta y ser aconsejadasobre cómo protegerse a sí misma. Conforme la profesión médica se vuelve más consciente del peligro, le sigue la educación sanitaria de manera que la población se autoprotega de las moscas.

En los países en riesgo de infestación por gusano barrenador (todos los países tropicales y subtropicales que no están infestados actualmente), los oficiales en salud pública deberán considerar el agregar las miasis en humanos a su lista de enfermedades notificables. Establecer un procedimiento de muestreo con la finalidad de asegurar que las larvas sean identificadas rápida y correctamente. Es de gran importancia incluir a los oficiales de salud pública en cualquier discusión sobre actividades de control del GBG o GBVM.

Existe muy poca información relacionada con miasis en seres humanos. Esto no significa que no sea una enfermedad importante, sino más bien indica que el número de casos no es grande. También debe hacerse notar que la enfermedad es más prevalente en grupos socioeconómicos bajos, entre personas con menor acceso a atención médica y a tratamientos, quienes por lo tanto son menos considerados a ser incluidos en datos estadísticos relacionados con enfermedades en humanos.

Los seres humanos pueden ingerir accidentalmente larvas de dípteros en el alimento. Estamos acostumbrados a comer fruta que puede ser afectada por moscas cuyas larvas se desarrollan dentro de ella y pasan al ser humano que las ingiere. Lo mismo puede ocurrir cuando otros alimentos son consumidos en los cuales se han desarrollado larvas de moscas. Algunas de estas larvas, cuya cutícula es muy resistente a los jugos digestivos, son capaces de pasar a través del tracto digestivo y emerger vivas por el ano. Este tipo de infestación, en el cual las larvas no se desarrollan en el intestino, se denominan pseudomiasis porque las larvas incriminadas no se desarrollan dentro del huésped. En la práctica es difícil distinguir entre una pseudomiasis y una miasis intestinal facultativa en la cual las larvas se desarrollan en el tracto digestivo. Para hacer una distinción es necesario identificar las larvas al menos hasta la categoría de familia.

Es muy difícil expresar la cantidad de daño e impacto en salud pública ocasionados por las miasis en humanos. Existe poca información estadística disponible relacionada con la incidencia y prevalencia, puesto que no existen registros de nuevos casos. Se desconocen los costos y aun no han sido determinados los factores de riesgo. Cuantitativamente el daño ocasionado por estos parásitos varía desde infestaciones muy ligeras en la piel con unas pocas larvas hasta infestaciones masivas con gran número de larvas. En el primer caso, el diagnóstico y tratamiento son simples y no existen secuelas. En el último caso el daño es severo, el diagnóstico puede ser difícil por la localización de las larvas en áreas del cuerpo que son difíciles de observar, es posible que haya secuelas y algunos casos pueden resultar en la muerte.

También puede haber severa desmoralización de las personas afectadas, quienes sufren deformaciones anatómicas permanentes, especialmente de la cara (nariz, ojos, oídos, etc.) por heridas profundas. También puede ocurrir daño al sistema urogenital y al sistema digestivo. La sensación de estar “lleno de gusanos” puede producir cambios psicológicos y de comportamiento. Las personas afectadas pueden dar la espalda, esconder sus caras y tratar de aislarse o esconderse de otras personas.

Por más de miles de años ha habido reportes de miasis en seres humanos, pero sólo recientemente se ha compilado información relacionada con miasis ocasionada por parásitos específicos.

En 1935, una epidemia de miasis causada por Cochliomyia hominivorax (GBG) fue reportada en Texas. Más de 1.2 millones de animales vivos fueron afectados. Se registraron 55 casos en humanos, pero el número real pudo haber sido de más de 200. Una epidemia de 81 casos en población humana se documentó en cinco provincias de Chile entre 1945 - 1946. Durante la epidemia de 1975 - 1976 en Curazao, después de la reinfestación de la isla con GBG, se reportaron 25 casos en humanos. La epidemia generó pánico e histeria, lo cual resultó en la implementación de medidas de control. Como parte de una revisión de 10 años de experiencia en el manejo de miasis nasal, también se reportaron 252 casos en la India en 1989. En Colombia existen reportes de casos de varios tipos de miasis en varios órganos del cuerpo.

Se pueden encontrar miasis en personas de ambos sexos y de todas las edades, pero es más frecuente encontrarlas en personas de edad media y avanzada. La mortalidad de las miasis es menor al 10% y generalmente se asocia con lesiones cerebrales o lesiones en otras partes del sistema nervioso. En una epidemia que ocurrió en Mendoza, Argentina, los datos de 197 casos demostraron que la mortalidad era de aproximadamente 3% en miasis nasal, debido a la profunda invasión de los parásitos en la base del cerebro. El porcentaje de mortalidad fue de 5% en 44 casos en Salta, Argentina, debido a la invasión cerebral desde miasis nasales, óticas y oftálmicas. En los EE.UU. se estimó una mortalidad del 8.0%.

Desde el punto de vista de las ciencias veterinarias, las pérdidas causadas por miasis son considerables. En una estimación de 1977 en Colombia, las pérdidas se calcularon en 960 millones de pesos por año como resultado de la infestación de ganado con Dermatobia hominis.

Las pérdidas ocasionadas por Cochliomyia hominivorax (GBG) son muy altas. Tomando en cuenta otras tres especies de moscas (Oestrus ovis, Hypoderma lineatum y Chrysomyia bezziana) que afectan a los animales y a los humanos, uno puede observar que el impacto mundial y la importancia de las miasis es muy grande. No obstante, antes del advenimiento de las sulfas y de los antibióticos, las larvas que se alimenta de tejido muerto y necrótico que son producidas bajo condiciones sanitarias se usan para limpiar heridas profundas. Además algunas larvas parecen estimular la fagocitosis (limpieza natural de las heridas por procesos corporales normales), creando un medio alcalino a través de la presencia de carbonato de calcio de sus secreciones salival y digestiva. Se encontró también que las secreciones de las larvas de Lucilia sericata y de Protophormia terraenove tienen un efecto bactericida y bacteriostático.

Existen varios parámetros con los cuales referirse a miasis diferenciadas por la variedad, forma de presentación y localización de las lesiones. No obstante, si analizamos las miasis desde el punto de vista de evolución del parasitismo y utilizando los hábitos de las actuales especies de insectos, podemos comprender mejor su evolución y diferenciar más adecuadamente entre los varios insectos y entender mejor la terminología usada en la descripción de insectos que ocasionan miasis.

En 1965, Zumpt presentó una teoría lógica y convincente sobre el origen de las miasis. El teorizó que la evolución de estos parásitos tiene dos ramas, siendo una saprofítica y otra sanguinívora. La primera pertenece a las larvas que tienen hábitos generales de alimentación con capacidad para vivir en una amplia variedad de material orgánico en descomposición. Esto puede a veces incluir al tejido de animales vertebrados muertos asociados con heridas infectadas, hasta el tejido vivo. Dichos parásitos se encuentran a menudo con tejidos necróticos o enfermos y generalmente no ocasionan un efecto de enfermedad, a veces son benéficos porque remueven la enfermedad y el tejido muerto de las heridas de los animales vivos. La segunda rama evolutiva es el parásito que es maligno y obligatorio que requiere de tejido saludable para completar su ciclo de vida. Dichas larvas no pueden completar su ciclo de vida en cadáveres ni en ningún otro tipo de material orgánico que está en proceso de descomposición, sino más bien se desarrollan en tejido de heridas o lesiones en animales vivos. El GBG (Cochliomyia hominivorax) y el GBVM (Chrysomyia bezziana) son ejemplos de esta última clase de parásitos malignos y obligatorios.

Con el fin de recomendar un adecuado método de manejo y de tratamiento de la miasis en humanos, uno debe de tomar en cuenta el tipo, la localización y las condiciones actuales de las lesiones, cuánto tiempo ha estado presente la lesión, si la herida se ha además infectado, y el estado general de salud del paciente. Incluso sin conocer la especie del parásito, el tratamiento de una miasis avanzada es relativamente simple. Las larvas deben ser inmovilizadas con un tratamiento a base de substancias tales como cloroformo o éter y luego ser retiradas de la herida. Deberá tenerse cuidado para evitar la ruptura de las larvas durante el proceso de remoción. Dependiendo del tamaño de la herida y de su localización deberá entonces tratarse sintomáticamente para evitar una infección bacteriana y para favorecer la cicatrización.

La miasis por gusano barrenador sólo puede ocurrir si hay una herida en la cual la mosca hembra adulta del gusano barrenador pueda depositar sus huevecillos. De aquí que si las heridas se encuentran protegidas de la exposición de moscas adultas que ovipositan huevecillos, la miasis no podrá ocurrir. La protección puede proporcionarse al cubrir heridas con materiales repelentes o bien con vendajes de forma que impidan que la mosca hembra adulta tenga acceso a la herida. También es importante el uso de pantallas o mosquiteros protectores en puertas y ventanas de casas para reducir la exposición a la mosca.