Enfermedad
Fiebre Aftosa en Humanos

La fiebre aftosa es considerada una zoonosis, si bien su ocurrencia es rara en los humanos que son muy poco susceptibles al virus de la enfermedad, más aún, si se compara su amplia distribución geográfica y alta incidencia de la enfermedad en los animales domésticos biungulados y las frecuentes oportunidades de exposición a que los humanos están sujetos, en el campo y en el laboratorio, con el escaso número de casos humanos con diagnóstico laboratorial confirmado. La fiebre aftosa es una infección animal, siendo el hombre un huésped accidental que rara vez se infecta y enferma. No se ha comprobado la transmisión interhumana.

La mayor parte de los casos registrados en la literatura con diagnóstico laboratorial fueron identificados en Europa. Las fuentes más frecuentes de infección fueron accidentes de laboratorio y luego infección por el ordeño de animales enfermos de fiebre aftosa. Hay pocos registros de enfermedad por ingestión de leche cruda, infección en mataderos y por manejo de animales enfermos, por ejemplo, durante la recolección de materiales infecciosos. No se han comprobado casos debidos a la ingestión de carne y productos cárnicos.

Pese a que la fiebre aftosa es conocida desde el siglo pasado, sólo existen 40 casos documentados con aislamiento e identificación de virus o por la comprobación de anticuerpos neutralizantes en la sangre de personas recuperadas de la infección.

En América del Sur, en Chile, se describió un caso de infección por virus de tipo O, causado por accidente de laboratorio.

En Inglaterra en 1967, se describió un caso, confirmado por la conversión de anticuerpos séricos neutralizantes a partir del 5° día posinfección (DPI), frente al virus tipo O. Los títulos de anticuerpos fueron más elevados a los 30 DPI, declinando lentamente hasta los 120 DPI y permaneciendo hasta los 154 DPI. Los títulos para los virus tipo A y C fueron negativos durante todo el período de observación.

En experimentos realizados en África se recuperó el virus aftoso de los conductos nasales de varias personas que trabajaron con bovinos infectados en boxes no cerrados. Este virus fue infectante cuando se le inyectó por vía parenteral a bovinos susceptibles.

En 1970 se aisló el virus a través de lavados con hisopos de las fosas nasales de 10 hombres que trabajaban en contacto estrecho con cerdos infectados. Este aislamiento fue evidente luego del contacto con títulos de virus que variaron de 102.1 a 103.7 dosis infectantes (50%) (DI50). Después de 2 ½ a 4 ½ horas los títulos decayeron sensiblemente en ocho individuos y dos fueron negativos. Entre 22 y 28 horas después del contacto solamente un individuo presentaba aún un título de 101.3 DI50. El virus no persistió en las fosas nasales y a las 48 horas posexposición todos los hombres eran negativos. Estas personas fueron capaces de transmitir el virus por medio de estornudos y respiración a nivel de las fosas nasales a un novillo susceptible, el cual desarrolló fiebre aftosa y el virus fue recuperado por una muestra tomada en probang, mientras que otros dos novillos permanecieron indemnes. Estos resultados indican que los humanos pueden, por cortos períodos, transportar el virus de la fiebre aftosa. El virus ha sido recuperado de las fosas nasales hasta 36 horas después de la exposición y ha sido aislado de las vesículas de casos humanos hasta 14 días después.

Es más importante el papel de los humanos en la transmisión mecánica indirecta del virus a los animales a través de vestidos, calzados y manos contaminadas ya que el virus puede sobrevivir durante varios días en el medio externo. Evidencias circunstanciales sugieren que los niños pueden enfermar por ingestión de leche cruda de vacas enfermas. No obstante, la infección clínica de los adultos es rara y probablemente está asociada a una sensibilidad excepcional de origen desconocido.

La enfermedad se caracteriza por una fase inicial de pirexia, cefalalgia, anorexia y taquicardia. Las vesículas aparecen en manos, pies y boca. En algunos casos ese conjunto de síntomas y lesiones no es observado. No habiendo contaminación bacteriana de las vesículas, el paciente se restablece por completo en una o dos semanas.

Cabe recordar que en los humanos diversas patologías presentan sintomatología con formación de vesículas en la boca, manos y pies, principalmente las provocadas por los virus Coxsakie tipo A en niños por los virus de la estomatitis vesicular (EV) que podrían confundirse con la fiebre aftosa. Por este motivo, cualquier diagnóstico hecho sólo sobre bases clínicas no tiene valor definitivo sin la confirmación laboratorial, sea por aislamiento y tipificación del virus o por la detección de anticuerpos neutralizantes.

El tipo de virus que se ha aislado con mayor frecuencia es el tipo O, luego el tipo C y raramente el serotipo A. El tipo A se presenta raramente en el hombre ya que de 21 casos de fiebre aftosa, se pudo tipificar 15, resultando 13 del tipo O y uno del tipo A y otro del tipo C.

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