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Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

La convergencia entre las agendas de la seguridad alimentaria y el cambio climático

Discurso del Director General de la FAO ante los ministros de agricultura de América Latina y el Caribe, durante la XXXII Conferencia Regional de la FAO.

La convergencia entre las agendas de la seguridad alimentaria y el cambio climático

Director General de la FAO, José Graziano da Silva pronuncia su discurso ante los representantes de los países de América Latina y el Caribe.


Señor Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina;
Señor Secretario de Relaciones Exteriores de Argentina;
Señor Presidente de la Conferencia Regional;
Señor Presidente de la Conferencia Regional durante el período 2010-2012;
Señores Vicepresidentes de la Conferencia Regional;
Señor Presidente Independiente del Consejo de la FAO;
Señor Presidente del Comité de Seguridad Alimentaria;
Estimadas Ministras, Ministros y delegados;
Señores Representantes Regionales de la OIE, en nombre de quienes saludo a todos los representantes de las organizaciones internacionales y regionales de cooperación técnica presentes;
Señoras y Señores representantes de la sociedad civil;
Señor Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe;
Señor Representante de FAO en Argentina;
Señor Secretario de la Conferencia Regional, a nombre de quien saludo a todo el equipo de FAO presente en esta Conferencia;
Señoras, Señores y estimados colegas y amigos,

En nombre de la FAO y de todos los participantes de esta Trigésima Segunda Conferencia Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, quisiera expresar mi más profunda gratitud al Gobierno y al pueblo de Argentina por su hospitalidad y apoyo a la organización de esta Conferencia.

Para mí es un gran honor participar por cuarta vez en la Conferencia Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, y por primera vez en mi calidad de Director General de la FAO, puesto para el cual fui elegido gracias a la confianza que ustedes depositaron en mí.

Desde la posguerra hemos logrado importantes avances en la agricultura. Hoy existe más alimentos disponibles por persona que en mil novecientos cuarenta y cinco (1945) cuando la FAO fue creada.

No obstante, no hemos tenido el mismo éxito en la erradicación del hambre. Cerca de 925 millones de personas siguen subnutridas y más de la mitad de la población es víctima de alguna forma de malnutrición, en un mundo que produce alimentos suficientes para todos, pero que históricamente los ha distribuido de manera muy desigual. Con sus 50 millones de ciudadanos que sufren de hambre, América Latina y el Caribe no es una excepción.

Hasta que no llegue el momento en que cada ciudadano pueda garantizar su derecho a una alimentación sana y adecuada, el foco de la FAO debe seguir estando dirigido a la promoción de la seguridad alimentaria y al establecimiento de un mundo libre de la escasez, principios que guiaron la creación de la Organización en 1945.

Para apoyar a los países en esa búsqueda, la Organización debe adaptarse a un mundo que ha vivido transformaciones profundas, y donde los retos de la agricultura y alimentación se suman e interconectan con otros en el campo energético, climático, financiero.

Para situarnos en este mundo y definir los desafíos globales a los cuales debemos responder, en enero del 2012 inicié un proceso participativo de planificación estratégica, dirigido por un eminente economista argentino, el Dr. Martín Piñeiro. Ese ejercicio contribuirá a la revisión y desarrollo de los principales documentos de estrategia y planificación de la organización, y ajustes al nuestro Programa de Trabajo y Presupuesto, tal cual propuesto para esa conferencia.

El presente ciclo de Conferencias Regionales de la FAO, que empezó a mediados de marzo en Vietnam, con la reunión para Asia y el Pacífico, inicia el diálogo formal sobre los siete desafíos globales en los ámbitos de la seguridad alimentaria y la agricultura que hemos identificado.

El primer desafío es cambiar a patrones más sostenibles de producción y consumo, en un contexto de cambio climático. Hoy gastamos mucho para producir, y les doy un ejemplo: consumimos mil quinientos litros de agua para producir un kilo de cereales y 15 mil litros para producir un kilo de carne. Tenemos las tecnologías para una producción más sostenible, ellas incluyen la siembra directa y el manejo integrado de la producción para reducir el uso de fertilizantes y pesticidas.

Al mismo tiempo, debemos reducir las pérdidas y los desperdicios, y mejorar la calidad de nuestra alimentación, es nuestro segundo desafío. Cerca de mil 300 millones de toneladas de alimentos - aproximadamente un tercio de la producción anual - se pierde o se desperdicia cada año. Consumidores en países ricos tiran a la basura cerca de 222 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale a la producción anual neta de África subsahariana. También tenemos que mejorar la nutrición y la educación alimentaria, pues de manera paralela al número de hambrientos crece el número de obesos. Eses cambios permitirán a alimentar a la población mundial de forma saludable con un aumento de producción menor que lo que se ha estimado actualmente.

A pocos meses de la Conferencia Río+20, tenemos la oportunidad y necesidad de explorar la convergencia entre las agendas de la seguridad alimentaria y del cambio climático, y elegir un camino de desarrollo, más sostenible, inclusivo.

Tenemos el tercer desafío de promover la seguridad alimentaria y confío en que podamos recuperar terreno rápidamente en la lucha contra el hambre. Siguiendo mi instrucción, la FAO está poniendo en marcha un plan de acción integrando la respuesta de emergencia con los programas de desarrollo, aumentando la escala de iniciativas que están dando resultados, y trabajando de manera concertada con otros socios y bajo el liderazgo de los gobiernos. Nuestro foco inmediato es el Cuerno de África y la región del Sahel. Sin embargo, este es un enfoque que puede funcionar en otros países en situación de grave inseguridad alimentaria y que soliciten nuestro apoyo. Haití es un claro ejemplo de esto en la región del Caribe, así como Guatemala en Centro América.

El cuarto desafío es mejorar los medios y condiciones de vida de la población rural, incluyendo los agricultores, silvicultores y pescadores en pequeña escala. En el Año Internacional de las Cooperativas, vale destacar el rol que este sector puede cumplir, organizando a los productores y contribuyendo en la lucha contra el hambre. Combatir la pobreza rural y promover el desarrollo territorial continúa siendo el gran reto para evitar que nuestros campos se queden vacíos y las ciudades colapsadas.

También tenemos desafíos relacionados con la necesidad de garantizar sistemas alimentarios y agrícolas más justos y de fortalecer los mecanismos de gobernanza a nivel global. En este contexto, quisiera felicitar a los Gobiernos, a la sociedad civil y a la iniciativa privada por concluir con éxito las negociaciones de las Directrices voluntarias para la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques en el contexto de la seguridad alimentaria de los países, que serán presentadas al Comité de Seguridad Alimentaria para su aprobación final en mayo.

Finalmente, tenemos el desafío de aumentar la resiliencia de las familias ante las amenazas y las crisis vinculadas a la agricultura y la seguridad alimentaria, como nos enseño Jusué de Castro, el hambre es una invención humana, no de la naturaleza. El ejemplo del Cuerno de África es claro: no podemos prevenir sequías, pero sí podemos evitar que ellas se transformen en hambruna. Eso requiere implementar programas de gestión de riesgos y poner en marcha acciones que respondan a las necesidades específicas de países y regiones, como las islas del Caribe, América Central y los países andinos, que tienen una mayor vulnerabilidad a eventos climáticos extremos.

Señoras y señores, esperamos recibir sus comentarios en esta Conferencia a estos desafíos desde una perspectiva latinoamericana y caribeña para poder incluirlos en nuestra planificación estratégica.

Esta Conferencia Regional también definirá las prioridades de trabajo para la FAO en América Latina y el Caribe, región que vive una gran paradoja: convive con el hambre a pesar de tener alimentos en abundancia.

La inseguridad alimentaria existe en nuestra región por un problema de acceso a los alimentos, que sigue siendo nuestro talón de Aquiles: si sobran alimentos en América Latina, pero muchas veces no hay dinero para comprarlos. Esto es resultado de la desigualdad social y económica que tristemente aún nos caracteriza. Desafortunadamente Latino América y el Caribe sigue siendo la región más desigual del planeta, sobretodo en relación al acceso a tierra y agua.

Considerando que cerca de más de la mitad de los latinoamericanos y caribeños que viven en la pobreza extrema están en las áreas rurales, y muchos de ellos son los agricultores familiares y campesinos que producen la mayor parte de los alimentos que consumimos en la región, debemos mirar a ellos para solucionar nuestro problema de inseguridad alimentaria.

Debemos hacerlo en un contexto de alza y volatilidad de los precios de los alimentos. Por un lado, los altos precios pueden viabilizar la inversión y la innovación para lograr una intensificación sostenible de la producción, aumentar las exportaciones e incentivar la producción local, incluso a través de la revalorización de alimentos tradicionales. A este respecto quisiera destacar que el 2013 ha sido declarado el Año Internacional de la Quínoa, y pedir su apoyo a su realización.

Hemos visto como países de América Latina y el Caribe han fortalecido sus redes de protección social, incluyendo a los programas de transferencia de ingresos y de alimentación escolar, y apoyado la pequeña producción local como respuesta a la crisis reciente. La estrategia ha dado buenos resultados y logra impactos aún mayores cuando se vinculan lo productivo con lo social, creando circuitos locales de producción y consumo de alimentos. Por ejemplo, programas de compras de la agricultura familiar para la alimentación escolar, generando mercados para los productores y alimentos frescos y de calidad para los escolares. Este tipo de soluciones ganadoras tipo win-win son las que debemos impulsar.

Señoras y señores,

Porque creemos que el hambre puede y debe ser erradicada, fuimos la primera región a asumir este objetivo. Hoy, les hago un llamado para reafirmar su compromiso con la Iniciativa América Latina y Caribe Sin Hambre 2025.

Esta iniciativa pertenece a los países y debe ser abrazada por todos: los gobiernos, los parlamentos, la iniciativa privada, la sociedad civil y la academia, porque la lucha contra el hambre no puede ser sólo el compromiso de un Gobierno; tiene que ser una decisión tomada por toda una sociedad.

El compromiso con la seguridad alimentaria también ha cruzado fronteras y ha ganado prioridad en las agendas de integración económica y política de la región como SICA, CARICOM, CAN, MERCOSUR, UNASUR, y OEA y en los programas de trabajo de organismos como la CEPAL, el IICA, la OIT y otros aliados. La FAO está convencida que necesitamos trabajar juntos y está disponible para ello, compartiendo su experiencia y la de otros países del mundo en la temática de la seguridad alimentaria y el desarrollo rural.

Señoras y señores,

La FAO también espera que sus reflexiones ayuden a identificar los ajustes que sean necesarios introducir en nuestra presencia regional para responder a las especificidades de América Latina y el Caribe, que están condicionadas a la disponibilidad de recursos y aprobación por el Consejo y Conferencia de FAO.

Esto es esencial para la descentralización de la FAO, una de las prioridades de mi gestión. La descentralización significa un nuevo foco en la entrega de resultados a nivel de país. Quisiera asegurarles que la descentralización de la FAO no se realizará a costas del debilitamiento de la capacidad técnica normativa de la FAO. Nuestros programas de campo y normativos se complementan y se fortalecen.

Para facilitar los cambios que sean necesarios, quisiera recordar la invitación que hice en el Consejo de FAO en diciembre pasado a los países de ingresos medios: considerar la posibilidad de asumir una mayor proporción de los gastos del programa de FAO en sus países, a fin de liberar recursos para otros países con menores niveles de desarrollo.

También quisiera incentivar a los países de la región a aumentar el intercambio de experiencias a través de la Cooperación Sur-Sur. La FAO puede contribuir facilitando la cooperación y ofreciendo oportunidades de entrenamiento técnico para jóvenes profesionales. A los gobiernos interesados podré entregar más información en nuestras conversaciones bilaterales.

Para concluir quisiera agradecer su participación en la Conferencia Regional y reiterar mi agradecimiento al Gobierno y al Pueblo de la Argentina por recibir esta reunión. Estoy seguro que la concluiremos con éxito.

Muchas gracias.