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Comunicados

Stiven Barreto es un joven de 26 años, que salió de Las Palmas el 28 de Septiembre de 1999, justamente el día que cumplía 16 años, huyendo de la violencia. Como él, cerca de 5.000 personas que habitaban este próspero pueblo dedicado al cultivo de tabaco, ubicado a 1 hora de la cabecera municipal de San Jacinto, Bolívar, salieron ese día de sus casas dejando todo atrás para salvar sus vidas, amenazadas por los grupos al margen de la ley de la región.

Stiven buscó nuevas oportunidades en Barranquilla. Estudió Mercadeo y Mecánica y por si fuera poco, se hizo chef de comida Árabe en el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) pero, tras mucho tiempo, no lograba establecerse en un empleo ni acostumbrarse a la ciudad, pues según sus propias palabras “en el campo se vive sabroso”. Cansado de tantas puertas cerradas y de apenas sobrevivir en la ciudad, hace 7 meses tomó la decisión del retorno. Reunió con su familia algunos ahorros y están sembrando pasto, para en un tiempo comenzar a criar y levantar ganado. Está convencido de que puede lograr un cambio y ser un líder para su comunidad gracias a sus conocimientos, los cuales quiere poner al servicio de la tierra que lo vio nacer y crecer. Con él son 120 las personas que se han animado a regresar, algunas ya cumplen 4 años viviendo de nuevo en su otrora próspero pueblo.

Sin embargo, sus condiciones de vida no son fáciles. Carecen de servicios públicos y de salud, y los 16 niños que habitan allí toman clase en la iglesia, pues tampoco hay escuela y viven expuestos a infecciones y enfermedades, porque no han sido vacunados, sumado a que la mayoría de la población se alimenta con ñame y agua ó yuca y agua, pues también perdieron sus cultivos y semillas. Día a día, estas personas dan pruebas de su enorme fe, pero si quieren misa, deben reunir $500.000 pesos para lograr que un sacerdote llegue hasta allá y la oficie. Viven y sobreviven a su suerte, resistiendo, pues se niegan a regresar a las ciudades a costa de su dignidad.

En medio de este panorama, surge una oportunidad para Stiven y los demás habitantes de Las Palmas. Han dejado de sentirse solos, pues la FAO a través de su proyecto OSRO (Operaciones de Socorro y Recuperación) en los Departamentos de Sucre y Bolívar, financiado por la Cooperación Italiana, y con el respaldo de la gobernación de Bolívar, ha establecido allí un Centro Demostrativo de Capacitación (CDC) para enseñarles a cultivar frutas, verduras y hortalizas y apoyarlos en la recuperación de su capacidad productiva con la siembra de plátano, ñame y maíz. Un técnico del proyecto se estableció en el pueblo, ha llevado semillas y materiales y lidera a diario el mantenimiento del CDC e incentiva a sus habitantes a participar del cultivo para disfrutar en un futuro cercano de la cosecha.

Doña Gladys ya tiene una huerta en su patio, con los insumos que el proyecto le suministró. Ha recuperado el entusiasmo e invierte toda su energía en su nuevo proyecto: cultivar sus propios alimentos.

Las Palmas comienza a recuperar el verde que perdió con el abandono forzado. Sus pobladores encontraron una esperanza. A pesar de las dificultades de acceso y la falta de agua y luz, estas personas persisten en su lucha diaria para recuperar el pueblo tal y como lo recuerdan antes de que la violencia tocara a su puerta y arrasara con todo hace casi 10 años.

Ahora que empiezan de nuevo a cultivar, quieren ir mucho más allá: buscan apoyo para dotar su centro de salud, y que los servicios de agua y luz sean restablecidos. Es un largo camino, pero con el apoyo de la FAO y la Cooperación Italiana, estas personas avanzan con la certeza de que el hambre será cosa del pasado y que no seguirán olvidados.