COMUNICADOS DE PRENSA

 

 

 

 

 

 

 

 


EL PROTECCIONISMO Y LOS SUBSIDIOS DE LOS PAISES DESARROLLADOS GENERAN COMPETENCIA DESLEAL A LA PRODUCCION NACIONAL,
AFIRMA EL MINISTRO DE AGRICULTURA DE COLOMBIA


Bogotá, 27 de abril de 2004.- Entre el 26 y el 30 de abril del presente año se celebra en Ciudad de Guatemala la 28ª Conferencia Regional para América Latina y el Caribe, la que ha sido convocada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

La Conferencia Regional de la FAO se reúne cada dos años y a ella asisten los Ministros de Agricultura y otros altos funcionarios provenientes de 33 países de la Región.

En atención a la realización de esta importante reunión internacional, el Ministro de Agricultura de Perú, Dr. Carlos Gustavo Cano Sanz, nos dio a conocer su opinión sobre temas de actualidad de la agricultura en la Región de América Latina y el Caribe.

¿Cuáles son las principales perspectivas del sector agrícola en la Región de América Latina y el Caribe?
Contar con un sector agrícola competitivo, equitativo y sostenible, con el acceso de la población rural a los factores productivos y a los servicios que presten los Gobiernos, a fin de alcanzar mayores impactos en términos de equidad social, generación de empleo y asignación de los recursos públicos.

Un desarrollo agrícola basado en acuerdos y consensos entre los diferentes sectores de la sociedad: el Estado, los empresarios y las comunidades. La sociedad civil jugando un papel preponderante en el bienestar económico y social de cada país, lo que permitirá a los Gobiernos orientar sus acciones en varios frentes: modelos de regulación mediante políticas diferenciadas, creación de escenarios adecuados para la participación del sector privado, intermediación para el establecimiento de acuerdos entre los diferentes sectores económicos, sin desconocer las intervenciones directas y focalizadas que deberán brindar los gobiernos a las poblaciones altamente vulnerables y en estado de emergencia.

El impulso a la competitividad agropecuaria será uno de los ejes fundamentales, mediante la modernización de la producción nacional, la integración de los mercados, la consolidación de acuerdos regionales y subregionales, y la generación de mayores ingresos al productor. Luego la actividad agrícola estará orientada hacia la conformación de unidades productivas empresariales en subregiones especializadas e integrada en cadenas de comercialización y transformación, para la producción de bienes con alto valor agregado y elevado nivel de calidad.

Una condición para mantener la competitividad es la sostenibilidad de los procesos de producción. Por tanto, el crecimiento económico se debe sustentar en el uso apropiado de los recursos naturales, con una visión de largo plazo y en el marco de los compromisos internacionales, garantizando el equilibrio entre las necesidades sociales y económicas de los productores y la capacidad de los ecosistemas naturales para satisfacerlas.

¿Qué opina de la situación que enfrenta Latinoamérica en lo relativo a la lucha contra la pobreza?
El seguimiento realizado a los compromisos adquiridos en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, muestra que no hemos avanzado en el proceso de erradicación de la pobreza, más bien por el contrario la tendencia ha ido en aumento. Según la CEPAL, en el 2001 cerca del 41% de la población latinoamericana vivía en la pobreza, de la cual el 19% estaba en la miseria, con proyecciones de aumento hacia el 2002.
El empeño de los gobiernos debe centrarse hacia la lucha contra la pobreza y la miseria rural, puesto que contamos con un 25% de nuestra población habitando en las áreas rurales, con tendencia a seguir disminuyendo, a pesar de nuestras riquezas naturales. Para esto se requiere realizar una gran inversión en infraestructura que genere desarrollo rural y bienestar a los pobladores del campo y así evitar las grandes migraciones que se han venido dando del campo a la ciudad. Los pobladores rurales se han desplazado a los centros urbanos buscando una mejor calidad de vida y lo que ha sucedido es que, por un lado se han agrandado los cordones de miseria en las ciudades y por otro, se ha reducido la mano de obra especializada en labores agrícolas.
Si bien los aspectos ecológicos, técnicos y financieros son importantes en el proceso productivo, el éxito del desarrollo agropecuario y rural tiene que ver de manera primordial con la existencia de mercados para los productos, dado que la comercialización es la etapa que consolida la viabilidad y competitividad de la producción agropecuaria.
Ahora bien, en los países de América Latina y el Caribe la agricultura juega un papel importante en las políticas de seguridad alimentaria y erradicación de la pobreza, por ser fuente de subsistencia de una cuarta parte de la población de la región. Sin embargo, las propuestas de liberalización del comercio en forma acelerada, no consideran la importancia de la agricultura para la supervivencia de los pequeños productores, quienes son los más vulnerables por las condiciones actuales en que se encuentran.
No se deben confundir los fines con los medios. El fin es derrotar la miseria y la desigualdad. Un medio, las negociaciones y los tratados, cuya prueba de consistencia y eficacia tiene que evaluarse, no por el número de los que se firmen en un determinado tiempo, sino por los resultados en términos de su contribución efectiva al empleo y al bienestar, tanto de los nacionales y los extranjeros por igual, dentro del país.

¿Qué piensa de la situación de la Región de América Latina y el Caribe en cuanto a las perspectivas futuras del comercio agrícola internacional?

Considero que se debe cuidar y proteger razonablemente la agricultura, principalmente a la luz de la negociación de un Tratado de Libre Comercio -TLC- con Estados Unidos. Esta protección debe ser selectiva y razonable dentro de las normas de la Organización Mundial de Comercio y con arreglo estricto al programa de gobierno de cada país de América Latina, porque el mercado mundial de bienes de origen agropecuario está muy lejos de liberarse y más aún cuando el sector agrícola viene haciendo aportes significativos en la economía de la región.

Las propuestas de los países en desarrollo en el ámbito multilateral no sobreviven ante las soluciones puntuales que les ofrecen en el plano bilateral los más avanzados. Estados Unidos y la Unión Europea, que responden por las dos terceras partes de los subsidios agrícolas del mundo, son los reales formadores de los precios internacionales de los llamados bienes agropecuarios sensibles, entre ellos leche, azúcar, arroz, maíz y algodón, en cuya producción, bajo condiciones de un comercio global genuina y totalmente libre de subsidios y sus consecuentes distorsiones, varios países latinos podrían ser altamente competitivos.

En el TLC con Estados Unidos - y aún dentro de ALCA -, de los tres pilares sólo se negociarían dos: acceso a mercados y subsidios a las exportaciones, quedando por fuera los subsidios internos, que, en el caso de Estados Unidos, representan la gran mayoría.

Chile en su TLC con Estados Unidos le apostó a que los subsidios internos serían negociados en la OMC. De ahí su profunda preocupación tras Cancún. Y de ahí el término ALCA light, y la importancia vital para Colombia de las negociaciones de la OMC hasta el cumplimiento del mandato de Doha de cara a su eventual TLC con Estados Unidos.
Es conveniente revisar los efectos del TLC de Estados Unidos con México, dado que es el más antiguo, en particular sobre las desigualdades en las áreas rurales y los desequilibrios regionales.
También es importante tener en cuenta lo siguiente: según el Banco Mundial, si se eliminaran la protección y los subsidios, cuyo valor supera en seis veces el de la ayuda externa (US $318.300 millones por año), hoy las exportaciones de las naciones pobres serían 24% más altas y sus ingresos rurales superiores en US $60.000 millones. Y en 2015 los ingresos globales serían superiores en US $500.000 millones, 60% de los cuales estarían yendo hacia los países en desarrollo, con lo cual se sacaría de la pobreza a 144 millones de personas.

En el caso de Colombia, según el IFPRI, la balanza agropecuaria neta de hoy (exportaciones menos importaciones) sería más alta en US $743 millones y el 50% del aumento de sus exportaciones agropecuarias provendría de la liberalización total y genuina del agro de Canadá y Estados Unidos.

Es por esto que estoy proponiendo un Capítulo esencial de un TLC Colombia - Estados Unidos para la creación de un fondo para la innovación y la adopción de tecnología en el agro, en especial de biotecnología de punta y readaptación del talento humano. Dicho fondo deberá contar con importantes recursos no reembolsables provenientes de la cooperación norteamericana, como sucedió durante la revolución verde, y además enmarcarse dentro del compromiso de la co-responsabilidad internacional en la lucha contra el narcotráfico.

Bien es cierto que los países desarrollados sí han reducido los aranceles de los bienes no sensibles, pero mantienen normas en extremo restrictivas y para los bienes sensibles mantienen la protección con altos aranceles, cuotas, subsidios internos y a las exportaciones, con excepción de Estados Unidos que la aumentó con su Farm Bill de 2002.

La protección en Colombia, como en otros países de Latinoamérica es irrisoria frente a la de los países desarrollados y a la de los demás sectores de la economía nacional, y sus medidas son insuficientes para contrarrestar las distorsiones del mercado internacional agrícola. Por la crónica insuficiencia de recursos fiscales, la única defensa es la protección transitoria en frontera.

Todos los productos agrícolas procedentes del exterior, que hayan sido objeto de ayudas internas a la producción o subsidios a la exportación o políticas monetarias o económicas con impacto de distorsión en los precios, generan competencia desleal a la producción nacional al ingresar a un país. Por estas razones se debe establecer un tratamiento especial según el caso, incluyendo políticas arancelarias para aquellos productos en los cuales las distorsiones externas perjudiquen a los productores nacionales en detrimento de su ingreso y del empleo nacional. Este tratamiento cobra especial trascendencia cuando los afectados son las poblaciones campesinas.


 


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