Día Mundial de la Alimentación 2006

Invertir en la agricultura para lograr la seguridad alimentaria

Beneficio para todo el mundo

Aunque la agricultura se haya convertido en un sector secundario en la economía de numerosos países industrializados, debe desempeñar un papel destacado a nivel mundial para que se pueda poner fin al hambre.

Sin embargo, la ayuda extranjera para la agricultura y el desarrollo rural ha seguido disminuyendo. De un total de más de 9 000 millones de dólares EE.UU. al año a principios de los ochenta, el volumen de dicha ayuda se redujo hasta situarse en 5 000 millones de dólares EE.UU. a finales de los años noventa. Mientras tanto, se estima que 854 millones de personas siguen estando subnutridas en el mundo entero.

Esta situación sólo se podrá invertir mediante inversiones en la agricultura – así como apoyando la educación y la sanidad.

La mayor parte de los agricultores del mundo son pequeños agricultores. Como grupo, son los mayores inversores en agricultura. Por otro lado, su propio acceso a los alimentos tiende a ser insuficiente o precario. Si consiguen obtener beneficios de su actividad agrícola, pueden alimentar a sus familias durante todo el año y reinvertir en sus explotaciones mediante la compra de fertilizantes, semillas de mejor calidad y equipo básico.

Los pequeños productores se enfrentan a numerosos obstáculos que escapan a su control: falta de crédito, inseguridad del régimen de tenencia de tierras, transporte deficiente, bajos precios y relaciones comerciales escasamente desarrolladas con la agroindustria – por no mencionar factores naturales tales como sequías, inundaciones, plagas y enfermedades.

Agroindustria es el término colectivo para designar las empresas locales, nacionales o internacionales, que manipulan o transforman el producto agrícola a su paso por la larga cadena de suministro hasta el consumidor. Este sector normalmente invierte su propio capital en transporte, elaboración así como venta al por mayor y al por menor de productos básicos tales como arroz y trigo, cultivos de alto valor como las hortalizas y productos especializados como las flores cortadas. Los supermercados se están convirtiendo en los principales actores de las cadenas nacionales y regionales de suministro de alimentos; establecen clases y normas de calidad y hacen incluso que funcionen las cadenas de suministro transfronterizas.

Cuando la cadena de suministro funciona bien, con beneficios de las inversiones satisfactorios para todos, el primer eslabón – el agricultor – gana suficiente dinero para alimentar a su familia y reinvertir. El empleo generado por las numerosas empresas de la cadena alimentaria permite que un número aún mayor de personas lleven una vida digna. Disminuye el hambre y aumenta la calidad de vida.

No obstante, las agroindustrias de los países en desarrollo tienen problemas: carencia de una infraestructura vial, ferroviaria y comercial adecuada, ausencia de clases y normas de calidad reconocidas, estructuras judiciales deficientes para hacer cumplir los contratos y dificultad en la práctica de establecer acuerdos comerciales con un gran número de pequeños agricultores.

Está surgiendo un nuevo modelo de cooperación entre los sectores público y privado para el desarrollo rural. Este modelo incluye nuevas formas de 1) poner en contacto a los productores y la agroindustria, 2) establecer clases y normas de calidad y velar por su cumplimiento, 3) mejorar la situación de la inversión en la agricultura y 4) proporcionar bienes públicos esenciales, tales como las infraestructuras rurales.

Uno de los principales problemas de los elaboradores y comerciantes es la obtención de productos agrícolas de suficiente calidad en primer lugar. El sector público puede contribuir en este ámbito promoviendo cooperativas y sistemas de subcontratación de la producción agrícola; mediante ambos se pueden producir cultivos o criar ganado por encargo. Las cooperativas ya desempeñan un papel importante en la agricultura. El sector público puede ayudarles con medidas de salvaguardia legal, capacitación en administración de empresas y alentando al sector privado a prestar asistencia a las cooperativas en ámbitos tales como la información de mercado y las tecnologías de producción. Los sistemas de subcontratación en la agroindustria están cobrando un nuevo vigor. Mediante ellos las empresas suelen prestar asistencia técnica, material y/o financiación a los agricultores locales para ayudarles a cultivar un determinado producto que la empresa se compromete a comprar en una fecha posterior. Estos sistemas de subcontratación pueden generar empleo a nivel local y mejorar los ingresos de los agricultores.

Los gobiernos deben promulgar y hacer cumplir normas y disposiciones que creen un entorno seguro y previsible para los inversores privados. En lo referente a las clases y normas de calidad, por ejemplo, los compradores y consumidores de productos, tanto en los países desarrollados como en desarrollo, demandan cada vez más alimentos de gran calidad producidos respetando normas estrictas en cuanto a tamaño, color y forma. Cuanto más detallada y conocida es la norma, más fácil es de observar para todos los actores del sector.

Todas las personas o empresas con dinero para invertir, incluidos los pequeños agricultores, deben decidir dónde invertirlo. Si la rentabilidad de la inversión es mayor en otro sector – por ejemplo, la especulación con las tierras o un pequeño negocio en la ciudad – el inversor colocará lógicamente su dinero ahí.

Las políticas o la inversión públicas pueden crear un entorno favorable para que la agricultura represente una buena inversión, lo cual requiere una gobernanza adecuada y una administración pública transparente, una disciplina y estabilidad macroeconómicas así como una estabilidad política. Por otro lado, los sistemas fiscales gravosos, junto con las administraciones fiscales ineficaces o corruptas, constituyen uno de los mayores obstáculos a la inversión y el espíritu empresarial. La falta de apoyo a las finanzas rurales, el capital invertido y el microfinanciamiento privan al sector agroindustrial de la fuente que necesita para prosperar.

Los mercados de trabajo, la seguridad del régimen de tenencia de tierras y la inocuidad de los alimentos incumben a los gobiernos y son ámbitos fundamentales que los posibles inversores, tanto nacionales como internacionales, tienen en cuenta. Si son deficientes, o se caracterizan por su falta de claridad y justicia, los inversores irán a otra parte o invertirán en sectores que consideren menos arriesgados que la agricultura.

La inversión en infraestructura en zonas rurales, especialmente en materia de recursos hídricos, carreteras, energía y comunicaciones, desempeña un papel crucial a la hora de impulsar el crecimiento agrícola. Si estas condiciones llegan a cumplirse en los países, cabe esperar enormes beneficios para la agricultura y los hogares rurales pobres.

En numerosas partes del mundo en desarrollo, el sector público ha tardado en responder a los cambios que la globalización ha introducido en los mercados. La inversión en refuerzo de la capacidad de los gobiernos para ayudar a los pequeños agricultores y fomentar la inversión privada constituye un dinero bien gastado.

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