Cumbre mundial sobre Seguridad Alimentaria

Declaración del Comité para la Soberanía Alimentaria en América Latina y el Caribe
Santiago de Chile, 18 de agosto de 2009

Nosotros, representantes de organizaciones y movimientos sociales de Campesinos, Pueblos Indígenas y Pescadores, que conforman el Comité Para la Soberanía Alimentaria -CIP-, América Latina Y El Caribe reunidos en Santiago de Chile, en la Sede Regional de la FAO, reconocemos y valoramos la iniciativa adoptada por la FAO en torno de la próxima Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, que se realizará en Roma en noviembre próximo del presente año.

En América Latina y El Caribe hemos contribuido a la lucha contra el hambre con propuestas y acciones que se han visto reflejadas en la constitución de las Mesas Nacionales de Soberanía Alimentaria en muchos países de la Región. El valor de este trabajo es el resultado de un compromiso para restablecer el derecho a la vida y la dignidad por sobre los intereses económico - financieros.

Después de 40 años la comunidad internacional ha reconocido la necesidad de organizar una Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural -CIRAD-, cuya declaración final establece claramente que en la lucha contra el hambre, resulta imprescindible avanzar en una Reforma Agraria integral, participativa e inclusiva.

Es urgente que los gobiernos garanticen que la FAO recupere su mandato original. La FAO, no debe ser reducida a un órgano técnico intergubernamental, sino que puede y debe ser un agente activo en la lucha contra el hambre y la pobreza e impulse el mantenimiento y la recuperación de los modos tradicionales de producción de alimentos, comprometiéndose de manera prioritaria con la realización del derecho a la alimentación, en el marco de la soberanía alimentaria y creando un entorno propicio para un diálogo eficaz de alto nivel entre los gobiernos y los movimientos y organizaciones sociales.

Esta Cumbre puede llegar a ser una respuesta planetaria, efectiva y estratégica en la lucha contra el flagelo del hambre si es que se generan las condiciones para lograr un diálogo de alto nivel entre los Estados, los Gobiernos y las Organizaciones y Movimientos Sociales, con el propósito de desarrollar políticas y estrategias en el marco de la seguridad y soberanía alimentaria.

La Cumbre no puede hacernos olvidar que el hambre y la desnutrición son el resultado de un modelo de desarrollo que conscientemente expulsa hacia la periferia a vastos sectores de la población mundial, a partir de la explotación intensiva del planeta y de la pérdida progresiva de derechos de las personas. 

La ausencia de derechos es directamente proporcional al hambre. Millones de seres humanos condenados a la miseria, pobreza, hambre y exclusión conviven al lado de descubrimientos asombrosos, mientras la promesa que conllevaron los Objetivos del Milenio, no ha dejado de ser una promesa.

El mercado se convirtió en el rector de las sociedades modernas y en torno de éste, se re-ordenaron las naciones. La concentración de la riqueza mundial en pocas corporaciones anónimas y la pérdida progresiva de derechos tanto de las personas como de las naciones, ha marcado el desarrollo de las sociedades modernas. El bilateralismo y el multilateralismo fueron y son todavía regidos por la Organización Mundial de Comercio -OMC-,  que en diez años logró desplazar del escenario internacional al sistema de Naciones Unidas y estar a la par del Consejo de Seguridad o del Comité Mundial de Seguridad Alimentaria de la FAO.

El anhelado bienestar y prosperidad prometidos para la construcción de un mundo mejor por los líderes mundiales en las diferentes Cumbres, no logró imponerse como conducta ética internacional. La libertad del mercado y la incapacidad de los Estados nacionales para negociar condiciones favorables al desarrollo, crearon las condiciones para que cerca de mil millones de personas sufrieran los efectos del hambre.

Esta es la hora de la soberanía alimentaria como marco político que expresa un conjunto de derechos, articulados por el derecho humano a la alimentación.

No basta con redistribuir alimentos en el planeta o el desarrollo de estrategias políticas de carácter técnico, porque el hambre tiene rostro humano y su combate requiere del concurso de todos los actores. En el principio y valor de la Soberanía Alimentaria se enfrentan dos cosmovisiones sobre el desarrollo, la economía y el tipo de sociedad; por un lado, la visión tradicional ultraliberal en la cual la alimentación posee el mismo valor que se le asigna a un comodities, con una producción de gran escala, uso intensivo de los recursos y capital y por otro, el desarrollo rural, un tipo de organización social basado en derechos sociales y colectivos junto al reconocimiento de saberes, cultura, biodiversidad y desarrollo sostenible.

Nuestro compromiso en la lucha contra el hambre, busca crear las condiciones para establecer un nuevo marco de acción política que cuestione las desiguales relaciones que se producen tanto en las cadenas de producción de alimentos, como en las dimensiones éticas, valóricas y culturales que forman parte de uno u otro modelo de sociedad.

Reiteramos el llamado y la exigencia para que los Jefes de Estado y de Gobierno comprendan que es necesario restablecer el derecho de los pueblos a definir su propia alimentación y agricultura; a proteger y regular la producción y comercialización nacional a fin de lograr objetivos de desarrollo sostenibles; a determinar la medida en que quieran ser autosuficientes; a restringir el dumping de productos en sus mercados; y a proporcionarle a las comunidades de pescadores artesanales y a los Pueblos Indígenas, la prioridad en la administración del uso de recursos naturales y los derechos sobre los mismos. No invalidamos el comercio, sino más bien fomentamos la formulación de políticas y prácticas de comercio que sirvan a los derechos de los pueblos a la alimentación y a la producción inocua, sana y ecológicamente sostenible.

Tal como lo señaláramos en la Declaración de la Conferencia Especial para la Soberanía Alimentaria (Brasilia, 2008), la FAO puede y debe cumplir un papel fundamental en la lucha contra el hambre y debe recuperar el mandato histórico que le dio origen, así el Derecho a la Alimentación, el Acceso a los Recursos Naturales, la Producción Agroecológica y el Comercio y Mercados Locales constituyen pilares irremplazables en la discusión que se avecina en la Cumbre Mundial.