Capítulo I

ORIGEN Y DOMESTICACION DE LAS ESPECIES

ALIMENTICIAS EN LA REGION ANDINA

Mario E. Tapia

    PROCESO HISTORICO DE LA AGRICULTURA ANDINA
    FLORA ANDINA Y DOMESTICACION DE ESPECIES ALIMENTICIAS
    RELACION ENTRE LAS ESPECIES ANDINAS Y DE MESOAMERICA

 

La población de los países andinos debería reconocer y valorar que vive en uno de los ocho centros de domesticación de plantas cultivadas del mundo y que recursos como la papa y el maíz, originarios de esta ecorregión contribuyen a la alimentación del mundo. Sin embargo, existen otros cultivos con reconocido valor alimenticio que podrían explotarse más intensivamente.

Cada planta cultivada significa en este sentido un testimonio viviente y una clara evidencia de la cultura ancestral; muchas veces en controversia con los escasos registros arqueológicos, lingüísticos y etnográficos. Por ejemplo, los tubérculos andinos como la oca y el olluco acompañaron a la papa desde los inicios de su domesticación y tuvieron similar importancia agronómica; sin embargo quedan pocas evidencias arqueológicas de este proceso.

El proceso de domesticación tomó siglos y en algunos casos milenios hasta transformar una planta silvestre en una domesticada para los fines que la sociedad exigía y requería. Este proceso se complementó con el intercambio de material genético entre regiones, naciones y continentes. Una de las experiencias más destacadas en la historia de la búsqueda de plantas es la aventura de Cristóbal Colón, quien al tratar de encontrar un camino más corto y tener acceso a las especias de la India, llegó a un nuevo continente y en él encontró una exuberante vegetación constituida por plantas diferentes a las de Europa. No encontró las especias, sin embargo obtuvo otros cultivos que dio a conocer a su regreso a España.

Es importante mencionar que sólo después de 40 años de arribar a las diversas islas del archipiélago de las Antillas, Haití y México, las expediciones europeas avanzaron hacia la zona de los Andes. Es por esta razón que muchos de los nombres de las plantas comunes en las Antillas, México y América Central se aplicaron a las encontradas en los Andes, con prescindencia de los nombres autóctonos, en su mayor parte originarios del idioma quechua.

En la mayoría de las publicaciones se ha tratado con cierta especialización el origen, domesticación y evolución de una especie individual, como la papa y el maíz. Esta aproximación puede conducir a muchos sesgos y errores en entender el proceso mismo de la domesticación.

Así como ninguna persona se contentaría con un solo producto para su alimentación, ni iría a un restaurante pidiendo sólo arroz, trigo, frutas o carne; igualmente el hombre prehistórico buscó en su medio más de una especie vegetal o animal para su alimentación, complementando de esta forma su alimentación. Es lógico pensar que en un medio ecológicamente tan diverso como es el andino, su población tuviera que ir domesticando diferentes especies para poder encontrar los alimentos necesarios, y aún más, ir adaptando estos cultivos a diferentes condiciones climáticas, edáficas y culturales. De allí deriva la enorme importancia de los Andes como centro de origen y domesticación de un elevado número de especies.

En este capítulo se describen los orígenes y algunos de los procesos de domesticación de las plantas, asimismo los trabajos que tuvo que hacer el primitivo americano en los territorios andinos para lograr su dieta en base a la flora y los animales que se le ofrecían.

Algunas de estas plantas, como el maíz, la papa, la yuca, el camote y el frijol han recibido mayor atención de la ciencia. Basta mencionar que existen tres centros internacionales de investigación, dedicados únicamente a estas especies: el CIMMYT en México para el maíz, el CIAT en Colombia para el frijol y la yuca y el CIP en el Perú, donde recientemente se ha ampliado la investigación de la papa y el camote al incluir las raíces y otros tubérculos andinos (CIP, 1994).

Otras plantas, por el contrario, como la quinua, qañiwa, frutales nativos y hortalizas, han permanecido relegadas de la investigación y a pesar del olvido oficial durante 400 años, aún son cultivadas en las pequeñas parcelas de los campesinos altoandinos. En la actualidad se hacen numerosos esfuerzos por recuperar estas especies para la alimentación mundial. Las universidades regionales e institutos nacionales de investigación que reciben el apoyo de diferentes instituciones internacionales avanzan en los trabajos científicos, pero es necesaria una decisión integral para incluir los cultivos andinos en los programas de alimentación de la población andina. Otro esfuerzo necesario es la divulgación de las características agronómicas de estos cultivos, de su uso y potencial agroindustrial.

PROCESO HISTORICO DE LA AGRICULTURA ANDINA

Cuando el hombre llegó a América, hace aproximadamente 10 a 20 mil años (Cardich, 1960), se encontró con un ecosistema diverso y complejo al cual tuvo que adaptarse para sobrevivir en las condiciones existentes. Es decir, se convirtió en un consumidor más.

El camino a seguir fue domesticar las especies vegetales y animales y desarrollar los medios de producción de alimentos. Según Spinden (1928) el primer origen de la agricultura en el continente americano ocurrió en las tierras altas de México y Guatemala, relacionando este proceso al cultivo del maíz.

En los Andes, este origen debió estar localizado en uno o varios valles interandinos, en donde se desarrolló además la técnica del riego. En general se considera que la agricultura andina se desarrolló primero en las regiones secas y posteriormente en las húmedas. Sin embargo, es probable que se desarrolló en forma autónoma en varios sitios elevados de la cordillera y de los altiplanos (León, 1964).

En el proceso de utilización de los recursos fito y zoogenéticos, el hombre fue domesticando diferentes plantas y animales. La gran variación ecológica de los Andes le proveyó de suficiente material para seleccionar granos, raíces, frutas, hortalizas y tubérculos adaptados a condiciones desde el nivel del mar hasta alturas sobre los 4000 m. La población trató de asegurarse alimentos para los períodos de escasez de productos silvestres. Este proceso, que debió iniciarse hace unos 6000 años, evolucionó hacia el desarrollo de etapas de producción cada vez más laboriosas (Engel, 1982). Entre todas las especies domesticadas se considera que una de las más antiguas, junto al maíz, es la raíz de arracacha (Arracacia xanthorrhiza) (Bukasov, 1930). Aún hoy se encuentran estas dos especies en valles, como los de Cajamarca, cultivadas en forma asociada.

El maíz ha sido uno de los primeros cultivos en los Andes centrales. Galinat (1972) determinó una antigüedad de 4000 años en muestras de marlos (qoronta) encontrados en Ayacucho, lo que sería el estado más silvestre de la raza más primitiva y progenitora del "maíz confite morocho" y de muchas razas indígenas peruanas. Manrique (1987) hace una exhaustiva descripción de todos los restos de plantas prehistóricas de maíz en el Perú que evidencian esa antigüedad y que permiten diferenciar las épocas del proceso agrícola (Cuadro 1).

Cuadro 1
Etapas del proceso agrícola en los Andes

Etapas

Fecha aproximada

1. Epoca preagrícola

6000 - 4000 AC

2. Epoca agricultura incipiente (que ignora al maíz)

4000 - 2000 AC

3. Epoca agricultura del premaíz

2000 - 1500 AC

4. Epoca agricultura del maíz

1500 - 1000 AC

5. Impacto de la agricultura Chavín

1000 - 500 AC

6. Epoca señoríos regionales (incluye tubérculos andinos)

500 AC - 750 DC

7. Epoca Wari-Tiahuanaco (desarrollo de cultivos andinos)

750 - 1000 DC

8. Epoca de señoríos regionales (Chimú)

1000 - 1450 DC

(avance de la domesticación)

9. Estado Inca (organización de la producción)

1450 - 1526 DC

Fuente: Manrique, 1987; Núñez, 1974

 

En el estudio de la domesticación del maíz se considera que los parientes más cercanos son los "teosintes", especies del género Euchlaena, como E mexicana, de plantas muy parecidas al maíz y que crecen en forma silvestre en los maizales de México y Guatemala.

El otro género afín sería el Tripsacum, llamado "maicillo", con una mayor distribución desde Norteamérica hasta el norte de Sudamérica. En vista que estas especies pueden fácilmente cruzarse con el maíz, Darlington (1955) concluyó que E. mexicana y Z. mays podrían ser consideradas como una sola especie.

Actualmente se acepta la existencia de varios centros de origen del maíz, siendo los principales en México y los Andes centrales de América del Sur. Tomando en cuenta las evidencias de distribución, arqueología, lingüística y la presencia de congéneres silvestres, se ha propuesto la existencia de dos tipos de centros de domesticación (Vavilov, 1926; Manrique, 1987).

Primarios

– Mexicano: razas primitivas Nattel, Chapalote.

– Peruano: razas primitivas Confite, Morocho, Kully, Chullpi.

Secundarios (donde la hibridación con Teosinte y Tripsacum ha dado lugar a nuevas formas).

– Mexicano: cruzamiento con Tripsacum.

– Guatemalteco: cruzamiento con Teosinte.

En los Andes, el maíz estuvo acompañado de otras especies con las cuales el hombre trató de asegurar una alimentación mejor balanceada; en base a un proceso de prueba y error e intuición alimentarla, se combinó el maíz –que es deficitario en lisina– con la quinua y el amaranto, ricos en este aminoácido que es necesario para una dieta balanceada. En los terrenos más altos de cultivo de la papa, otros tubérculos como la oca, olluco y mashwa, permitieron variar la dieta y utilizar mejor los diferentes nichos ecológicos; así como especies de Chenopodium como la qañiwa y raíces (la maca) se adaptaron a alturas cercanas a los 4000 m (Cuadro 4).

Se considera que el proceso de evolución de la agricultura en los Andes tomó características especiales con la domesticación de los tubérculos en las tierras más elevadas. Salaman (1985) se refiere a la gran antigüedad del cultivo de la papa en América del Sur, así como a su amplia distribución y utilización de ocho especies diferentes de este tubérculo, adaptados a las diferencias de climas y suelos. La mejor evidencia de la antigüedad del uso de los cultivos andinos se encuentra en la cerámica (Figuras 1 y 2).

 

Figura 1
Cerámicas y gráficos fitomórficos

 

A. Achira de la cultura Nazca. B. Planta de quinua, cultura Tiahuanaco. C. Portador de plantas, cultura Paracas.

Fuente: Yacovleff y Herrera, 1943

Figura 2
Representaciones de plantas andinas

 

A. Camote. B. Pallar. C. Ají y D. Maíz, cultura Nazca.

Fuente: Yacovleff y Herrera, 1943

Las cerámicas de la cultura Protochimú y Protonazca datan de los años 200 DC; sin embargo, no se conoce con exactitud cuanto tiempo transcurrió desde el primer intento de cultivar una especie silvestre de papa en las montañas, hasta que esta fuera motivo de reconocimiento ceremonial. No obstante, es en la cultura Wari, en Ayacucho, donde se ha representado con mayor énfasis y valorización el uso de los cultivos andinos.

Hoy en día no siempre es fácil distinguir entre plantas silvestres y domesticadas; en la región andina existen numerosos estados intermedios entre el inicio de la utilización de plantas en su estado silvestre y el estado como cultivo de consumo.

Para respaldar esta afirmación se pueden mencionar unos ejemplos: quinuas que corresponden a estados cercanos a las plantas silvestres se encuentran en campos de producción comercial; así como numerosas especies del género Lupinus se mezclan con el tarwi (Lupinus mutabilis). Parientes silvestres de la papa, de la oca y el olluco se encuentran con frecuencia en la extensa región andina.


FLORA ANDINA Y DOMESTICACION DE ESPECIES ALIMENTICIAS

En ciertas regiones de los Andes, inicialmente la gran abundancia de plantas silvestres comestibles disponibles para los indígenas hizo que no fuera imprescindible el cultivo intenso del suelo. Sin embargo, en zonas menos privilegiadas fue necesario colectar semillas y adecuar el medio para la producción de los alimentos básicos; se inició entonces la agricultura. Al principio sólo ciertas plantas fueron necesarias, como la papa en las partes altas, el maíz y los frijoles en las áreas intermedias y el ají y las calabazas en las regiones más bajas y cálidas.

Lógicamente, donde la naturaleza era más agreste, tanto por la altura como en las serranías o en la costa desértica, los pueblos fueron obligados a ampliar más prontamente el uso de diferentes especies en la agricultura para lograr su supervivencia. Según Latcham (1936), ésta sería la razón por la cual los principales centros culturales están siempre en las áreas de ambiente más difícil y en donde la existencia de los pueblos depende directamente de los esfuerzos que se hagan en la agricultura, siendo esta actividad la promotora del desarrollo.

Además del maíz y de la papa, el hombre andino tuvo la necesidad de seleccionar, a partir de numerosas familias botánicas, las especies que pudieran balancear mejor su dieta.

El caso del maíz y las especies acompañantes no es el único; la papa y los otros tubérculos permiten ocupar diferentes tipos de suelos. La quinua también, con sus diferentes ecotipos, permite un amplio margen de adaptación a diferentes alturas para su cultivo.

El Cuadro 2 indica las principales especies alimenticias domesticadas en el área andina y sus especies afines o silvestres, de donde probablemente se originaron.

A partir de estas especies y otras afines se inició el proceso de domesticación. Se reconoce, sin embargo, que de las numerosas especies del mismo género existen aquellas que por similitud morfológica y sistema de reproducción se las considera especies afines; por ejemplo, del género Chenopodium se reconocen por lo menos 20 especies cercanas a la quinua que están presentes en los Andes (Guisti, 1970; Steibol, 1986; Risi y Galwey, 1984; Wilson, 1990).

De estas, las especies que no son malezas tienden a mostrar adaptación a condiciones xerofíticas y suelos salinos, así como otras son adaptadas a temperaturas más bajas. Esto posiblemente representa una estrategia adaptativa primitiva y quizás una preadaptación a ocupar áreas abiertas (Wilson, 1976).

Gandarillas (1986) efectuó diferentes hibridaciones entre quinuas y especies silvestres (Ch. hircinum y Ch. petiolare) y cruzamientos entre quinua y Ch. nuttaliae de las variedades Huazontle, Chia y Kelite, notándose en la generación F1 un alto grado de esterilidad. Sólo el híbrido entre Ch. quinoa y la variedad Huazontle fueron enteramente fértiles. Sin embargo, el autor concluye que Ch. quinoa y Ch. nuttaliae tienen diferente origen, la primera en América del Sur y la otra en el Norte.

 

Cuadro 2
Principales especies alimenticias andinas y silvestres afines

Nombre común

Nombre científico

Especies afines

Granos

Maíz

Zea mays

Tripsacum

Quinua

Chenopodium quinoa

Ch. hircinum

Qañiwa

Chenopodium pallidicaule

n.i.

Amaranto

Amaranthus caudatus

A. hibridus

Leguminosas

Frijol

Phaseolus vulgaris

P. coccineous

Tarwi

Lupinus mutabilis

L praestabilis

Pajuro

Erythrina edulis

E. falcata

Tubérculos

Papa

Solanum andigenum

S. acaule

Oca

Oxalis tuberosa

O. crenata

Olluco

Ullucus tuberosus

U. aborigeneus

Mashwa

Tropaeolum tuberosum

T. edulis,

T. polyphyllum,

T. sessifolium

Raíces

Arracacha

Arracacia xanthorrhiza

A.aequatoriales

Yacón

Esmalantus sonchifolia

P. andina

Chago

Mirabilis expansa

n.i.

Ahipa

Pachyrhizus ahipa

P. tuberosus

Maca

Lepidium meyenii

L. chichicara

Frutales

Tomate de árbol

Cyphomandra betacea

n.i.

Capulí

Physalis peruviana

P. ixocarpa

Tumbo

Passiflora mollisima

P. mixta

n.i. no existe información

 

El botánico argentino Hunziker (1943) fue uno de los primeros en estudiar el origen de la quinua; reseña que Humboldt, Bonpland y Kunth describieron en 1815 dos variedades: A y B que fueron denominadas viridescens y rubescens, a la cual Hunziker añadió rutescens, basado sobre todo en la morfología seminal. Risi (1986) ha estudiado la relación de la quinua con sus parientes más cercanos, así como la posición taxonómica de las otras quenopodiáceas cultivadas (Cuadro 3).

Cuadro 3
Número cromosómico de especies silvestres y cultivadas de quinua

Sección

Subsección

Especie

N° disponible

Referencia

Chenopodia

Cellulata

Ch. quinoa

2N=4X=36

Giusti (1970)

(pericarpio

Ch. berlandieri

2N=4X=36

Simmonds (1965)

con alveolos)

Ch. hircinum

2N=4X=36

Giusti (1979)

Lejosperma

Ch. pallidicaule(a)

2N=2X=18

Lescano (1976)

pericarpio

liso)

Undata

Ch. album

2N=6X=54

Cole

Ch. mirale(b)

2N=2X=18

Giusti (1970)

Ch. ambrosoide(c)

2N=2X=16

Giusti (1970

Fuente: Risi, 1986

La domesticación de la qañiwa es específica en las tierras más elevadas y frías de los Andes (la Puna al sur del Perú y norte de Bolivia).

Parece que su origen ocurrió en forma independiente al de la quinua y que aún hoy continúa su domesticación; el hecho de que muchos de los ecotipos tengan un alto grado de dehiscencia lo confirma.

En el caso del género Lupinus existe un elevado número de especies afines a la especie domesticada, L. mutabilis. Se puede mencionar que se han determinado 82 especies de Lupinus que están presentes en los Andes centrales (MacBride, 1957).

La existencia en la región andina de numerosos valles ubicados sobre los 2000 m y muy cercanos a montañas, quebradas y altiplanos, permite no sólo la presencia de una alta densidad de plantas, sino que pudieron darse intensas actividades de intercambio entre estas áreas y lograr de esta manera diversos procesos de domesticación, lo que justifica la presencia de un elevado número de variedades de cada cultivo, que aún hoy se cultivan.

En muchas ocasiones se ha exagerado al mencionar el número de especies alimenticias domesticadas de los terrenos andinos, ubicados sobre los 2000 msnm. Algunos autores incluyen en sus listas especies utilizadas ocasionalmente, pero cuyas características silvestres y naturales no han cambiado.

El Cuadro 4 presenta una lista de plantas que se consideran han sido cultivadas; se han seleccionado tomando como condición básica el hecho que el hombre haya modificado en algo su normal desarrollo fisiológico. Es decir, haya recolectado o guardado la semilla, efectuado algún proceso de selección o preparación del suelo y realizado alguna labor agrícola. Estos cultivos constituyeron la base de la alimentación a la llegada española en el siglo XVI.

Cuadro 4
Especies alimenticias originarias de la región andina

Nombre común

Nombre Científico

Familia Botánica

Altura de crecimiento óptimo (msnm)

Tubérculos

Papa (P,B,E)

Solanum andigenum

Solanácea

1000 - 3900

Papa amarga (P,B)

Solanum juzepczukii

Solanácea

3900 - 4200

Oca (E,P,B,C)|

Oxalis tuberosa

Oxalidácea

1000 - 4000

ibia (C), cuiba (V)

Olluco, ulluco (P,B)

Ullucus tuberosus

Baselácea

1000 - 4000

papalisa, melloco (E)

Mashua, isaño, añu (P;B)

Tropaeolum tuberosum

Tropaeolácea

1000 - 4000

cubio (C)

Raíces

Arracacha (C,P,B)

Arracacia xaanathorrhiza

Umbelífera

1000 - 3000

zanahoria blanca (E)

Achira (P,B)

Canna edulis

Cannácea

1000 - 2500

Ajipa (B), jícama (P)

Pachyrhizus tuberosus

Leguminosa

1000 - 2000

Yacón, aricoma (P,B),

Esmalantus sonchifolia

Compuesta

1000 - 2500

Jiquima (E,C)

Chago (P), mauka (B),

Mirabilis expansa

Nyctaginácea

1000 - 2500

Miso (E)

Camote, apichu (P;B)

Ipomea batata

Carnolvulácea

0 - 2800

Maca (P)

Lepidium meyenii

Crucífera

3900 - 4100

Granos

Maíz, saraa (P,B,E)

Zea mays

Gramínea

0 - 3000

Quinua (E,P,B)

Chenopodium quinoa

Chenopodiácea

0 - 3900

Qañiwa (P)

Chenopodium

Chenopodiácea

3200 - 4100

Cañagua (B)

pallidicaule

Amaranto, coyo (P)

Araranthus caudatus

Amarantácea

0 - 3000

achis, achita (P)

kiwicha, millmi (B,A),

coimi (B)

Leguminosas

Tarwi (P), chocho (P,E)

Lupinus mutabilis

Leguminosa

500 - 3800

Frijol, poroto (P)

Phaseolus vulgaris

Leguminosa

100 - 500

Pallar (P), cachas (C)

Phaseolus lunatus

Leguminosa

0 - 2500

Pajuro (P), balu (C)

Erythrina edulis

Leguminosa

500 - 2700

Cucurbitáceas

Zapallo (P,B)

Cucurbita máxima

Cucurbitácea

500 - 2800

Achoqcha (B)

Ciclanthera pedata

Cucurbitácea

100 - 2500

caygua (P)

Frutales

Pepino (P), kachum (B),

Solanum variegatum

Solanácea

mataserrano (P)

Solanum muricatum

Capulí (P), uchuba (C)

Solanácea

uvilla (E)

Sachatomate (P),

Cyphomandra betacea

Solanácea

tomate de árbol (E),

berenjena (P)

Granadilla (P)

Passiflora ligularis

Passiflorácea

800 - 3300

Tumbo (P), curuba (C)

Passiflora mollisima

Passiflorácea

2000 - 3000

tacso, tin-tin (P)

Curuba de indio (B)

Passiflora mixta

Passiflorácea

2500 - 3600

Tin-tin, poroporo (P)

Passiflora pinnatispula

Passiflorácea

2500 - 3800

Curuba antioqueña (C),

Passiflora antioquensis

Passiflorácea

1000 - 2000

curuba quiteña (E)

Granadilla real (P)

Passiflora quadrangularis

Passiflorácea

0 - 2500

Chirimoya (B,P)

Annona cherimola

Annonácea

1000 - 3000

Lúcuma (P,B)

Lucuma aborata

Sapotácea

0 - 2500

Pasakana,ulala (B)

Eriocereus tephracentus

Cactácea

0 - 2500

Pasakana de Chuquisaca

Trichocereus herzoqianus

Cactácea

0 - 2500

(B)

Papayuela (C)

Carica candamarcensis

Caricácea

1000 - 3000

Chilhuancan

Chiglacan (E)

Mora de castilla (C,P)

Rubus glaucus

Rosácea

2000 - 3000

Ciruela de fraile (P)

Bunchosia armeniaca

Malpigiácea

500 - 2500

A: Argentina, B: Bolivia, C: Colombia, E: Ecuador, P: Perú, V: Venezuela

RELACION ENTRE LAS ESPECIES ANDINAS Y DE MESOAMERICA

Es evidente que ha existido una relación muy importante entre las culturas mesoamericanas y de los Andes; esta hipótesis es reforzada por la presencia de especies domesticadas afines en ambas regiones. Los aztecas domesticaron y cultivaron el maíz, al igual que los quechuas lo hicieron en los Andes y es tanta su variabilidad que Grobman et al. (1961) sostienen que en los Andes del Perú se ubica un centro independiente de domesticación del maíz. Además de ello, en México se cultivó una quenopodiácea, a la que llamaron "huazontle" (Chenopodium nuttaliae), muy semejante a la quinua (Chenopodium quinoa).

En este tema, Nelson (1968), después de un extenso estudio concluye que Ch. quinoa y Ch. nuttaliae son dos especies estrechamente relacionadas. Sugiere además que en futuros trabajos de cruzamiento se debería utilizar Ch. berlandieri, la cual está muy relacionada a Ch. nuttaliae.

En México se cultiva también un amaranto el "huautli" o "alegría" (Amaranthus hipocondriacus) y que fue muy popular hasta la llegada de los españoles; una especie muy afín se conoce en los Andes, llamada kiwicha (Amaranthus caudatus) en la zona del Cusco, pero que recibe diferentes nombres desde Ecuador hasta el norte de la Argentina e incluye a A. edulis.

La lista de especies afines entre estas dos culturas es extensa, incluye además las cucurbitáceas y los frijoles o Phaseolus. Se han efectuado pocos estudios para conocer cómo pudo haber sido el medio de intercambio de semillas que debe haber ocurrido en algún tiempo antes de la llegada de los españoles. Se trata de un área que probablemente daría muchas luces en el conocimiento sobre el proceso mismo de la domesticación de especies en el nuevo mundo.

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