INTRODUCCION

Autor

   . Los recursos fitogenéticos del Nuevo Mundo
   . Recursos genéticos
   . Las grandes regiones fitogenéticas
   . Biodiversidad de la flora americana
   . Relaciones culturales
   . Distribición de la diversidad genética
   . Cambios desde le año 1500
   . El desafío de la conservación
   . Ornamentales
   . Medicinales



Los recursos fitogenéticos
del Nuevo Mundo

El Descubrimiento trajo como consecuencia el intercambio de germoplasma más importante de la historia. Anteriormente, sólo tres especies—una cultivada (camote) y dos toleradas (calabaza vinatera, coco)— eran comunes a la agricultura del Viejo y del Nuevo Mundo. Después de 1492, el intercambio de especies cultivadas modificó radicalmente no sólo la alimentación de la mayoría de la humanidad, sino que condujo al desarrollo de los cultivos comerciales en los trópicos y a crear un nuevo orden económico en el mundo. La relación entre el hombre y las plantas cultivadas afectó desde las necesidades básicas de alimentación y vestido hasta su consumo para la ornamentación y el ocio.

Las primeras introducciones en América—granos, hortalizas y frutales europeos plantados en La Española— no tuvieron éxito, pero pocas décadas más tarde en las tierras altas de México y los Andes produjeron rendimientos que sobrepasaban a los de Europa. En cambio, los plátanos, la caña de azúcar y los cítricos, entre otros, se aclimataron fácilmente en las áreas tropicales. De Africa se introdujeron ñames y otros cultivos menores. De América a Europa, el maíz, llevado poco después del Descubrimiento, se extendió en tres a cuatro décadas por todo el centro del continente. Más adelante, papas, tomates, cucúrbitas, frijoles y chiles fueron incorporados lentamente en la cocina europea, confiriéndole las características con las que hoy se conoce. En Africa se introdujo la yuca o mandioca y el maní, que cambiaron radicalmente la alimentación en la parte occidental del continente. El arroz, originario del sureste de Asia y traído a América desde España y Africa, llegó a constituir un alimento básico; en cambio, los algodones del Nuevo Mundo desplazaron a los africanos y asiáticos. En los cultivos comerciales la influencia del intercambio fue determinante. La caña de azúcar fue el primer producto agroindustrial del Nuevo Mundo. El café de Etiopía, introducido hace dos siglos, constituyó el principal producto de América Latina, seguido por los bananos, originarios del sureste de Asia. En sentido contrario, el cacao de Brasil ha sido el principal producto comercial de Africa occidental, y con el caucho del Amazonas, un importante artículo de exportación del sureste de Asia. En este siglo, los pastos africanos han reemplazado en América Latina a las especies locales, pobres en número y de bajo rendimiento.

El intercambio de germoplasma es un proceso continuo en la diversificación agrícola y el mejoramiento genético. El hecho de que a ambos lados del Atlántico una mayoría de los cultivos comerciales sean de origen foráneo, implica que las tareas de su conservación, evaluación e intercambio sean de interés mundial. Las pérdidas de germoplasma en el sureste de Asia pueden repercutir más en América tropical que en aquella región.

RECURSOS GENETICOS

Actualmente se utiliza cada vez más el término de recursos genéticos en lugar de germoplasma, por juzgársele más amplio y apropiado. El interés en la preservación, documentación y utilización intensiva de los recursos genéticos es relativamente reciente. Como uno de tantos recursos naturales, el germoplasma de plantas cultivadas que se pierde no se recupera más. Su concentración en países de agricultura incipiente crea problemas especiales de conservación e intercambio, aunque los sistemas agrícolas prevalentes en esas regiones tienden a preservarlo como material de siembra.

El ámbito de los recursos genéticos de las plantas cultivadas varía considerablemente según la especie. La primera categoría consiste en los cultivares primitivos, o sea aquellos que son el resultado de una selección incipiente hecha por los agricultores. No existen inventarios completos, aun en especies de alto valor económico, que permitan estimar su número; en algunas especies pueden ser docenas, en otras centenares. La mayoría tienen una distribución geográfica restringida, y muchos se cultivan sólo para el consumo familiar. Fuera de su centro de origen dan altos rendimientos, como lo prueban algunos ensayos. Su valor potencial es el conjunto de genes resistentes a condiciones ambientales muy variadas, a enfermedades y plagas, y a menudo su alto valor nutritivo. Están muy expuestos a la erosión genética, por tratarse de poblaciones pequeñas, que son fáciles de reemplazar por otros cultivares, y por ser utilizados por los grupos sociales más pobres reciben escasa atención.

La segunda categoría, los cultivares avanzados, está limitada en América tropical a unas pocas especies; son el resultado de trabajos de mejora genética destinados a producir cultivares de alto rendimiento, resistentes a enfermedades y plagas o adaptados a condiciones ambientales específicas. Algunos cultivos originarios de los trópicos americanos han sido sometidos a mejora genética en áreas de agricultura avanzada: América del Norte, Europa y Japón. Los cultivares a los cuales dieron origen, sin embargo no se adaptaron a las condiciones dominantes en América tropical.

La tercera categoría está constituida por las poblaciones silvestres de la especie cultivada, que subsisten en el área en que se domesticó la especie. Crecen espontáneamente, y a veces la acción de la selección disruptiva no permite que entre las poblaciones silvestres y las cultivadas pueda haber intercambio de genes. Un grupo aparte lo constituyen las malezas, cuya definición es difícil. En los sistemas de agricultura primitivos no hay límites claros entre cultivares, malezas y poblaciones silvestres, ya que en ciertos casos las dos últimas también se utilizan.

Fuera del ámbito de la especie, los parientes cultivados o silvestres, con los cuales es posible el intercambio de genes, constituyen una cuarta categoría, que puede desempeñar un papel importante en la mejora genética. Con frecuencia los parientes de una especie cultivada se utilizan en prácticas como el injerto, que requieren afinidad fisiológica. En ciertos casos —cítricos y orquídeas ornamentales— los recursos genéticos se extienden a otros géneros en la formación de híbridos multigenéricos.

LAS GRANDES REGIONES FITOGEOGRAFICAS

El trasfondo de los procesos que determinan la riqueza de recursos genéticos del continente se entiende mejor si se considera su relación, por un lado, con la distribución de las formaciones vegetales y su biodiversidad y, por otro, con los factores humanos, o sea con los aspectos culturales. La primera es muy compleja en la región tropical del Nuevo Mundo, por el número y diferencias de los paisajes naturales.

Hacia los 25° lat. N terminan las regiones áridas de América del Norte, con desiertos o semidesiertos, y se inician áreas de mayor

FIGURA 1
Grandes tipos de formaciones vegetales de Mesoamérica, el Caribe y América del Sur.

1 Especies desaparecidas del cultivo.


humedad a lo largo de las zonas costeras de México. Paralelos a las costas se levantan los sistemas montañosos de las Sierras Madres, que dejan entre ellas los valles altos y amplios del centro, que fueron el área nuclear de Mesoamérica. Hacia el sur, las zonas montañosas, cordilleras y valles intermontanos, se extienden con sólo una interrupción en Tehuantepec, hasta Panamá. La vegetación de las cordilleras es predominantemente de origen norteño hasta Nicaragua, y los primeros páramos andinos aparecen ya en Costa Rica. En las zonas bajas hay diferencias notables entre las dos vertientes. En la vertiente atlántica, la selva lluviosa se inicia al sur de Tamaulipas y continúa por las llanuras costeras hasta Darién, en Panamá, interrumpida solamente en Yucatán por una selva baja y seca, y en el norte de Nicaragua por pinares extensos, debidos a condiciones edáficas. En la vertiente del Pacífico, en cambio, desde Sinaloa, el bosque tropical seco, en áreas con estaciones alternas, se extiende hasta el centro de Panamá, con una sola interrupción en Costa Rica, por el bosque tropical húmedo de Osa. Los elementos que componen los bosques de las tierras bajas son principalmente de origen sureño, y penetran en México hasta el límite norte de los bosques lluviosos o secos.

En América del Sur, la selva tropical lluviosa del estrecho de Darién se extiende hacia el sur hasta Ecuador por las llanuras costeras; se bifurca hacia el norte y el noreste en Colombia y Venezuela, donde limita con un bosque tropical seco, semejante al de México en América Central, el cual cambia hacia la costa a matorrales de semidesierto con cactáceas, que llegan hasta el litoral caribe.

Las cordilleras andinas presentan una gran diversidad de pisos de vegetación, desde las laderas que bordean el Pacífico, desérticas en el Perú y Chile, hasta la vegetación de los páramos. La vertiente oriental es, en general, mucho más húmeda, y forma una franja continua de Venezuela a Bolivia («cejas», «yungas»). Las condiciones del relieve determinan en los Andes áreas de sequedad extrema, algunas de ellas desprovistas por completo de vegetación, como los saladares.

Al extremo noreste de los Andes, un área de baja humedad, los llanos del Orinoco, se extiende desde el centro del continente hasta el Atlántico y termina en bosques muy secos en el litoral. Al oriente del Orinoco, hay bosques secos y palmerales en los suelos más húmedos.

entro del continente está cubierto por la selva tropical húmeda del Amazonas-Orinoco, con la excepción de las sabanas altas de Guayanas. Esta selva, la más extensa en el mundo, se puede dividir en varias subregiones por los tipos de vegetación y la composición florística, determinada por la expansión de las formaciones vegetales antiguas y las condiciones de ambiente. Desde el punto de vista fitogeográfico es importante la brecha de Obidos, una franja que atraviesa la cuenca del Amazonas de norte a sur, determinada por una precipitación más baja, alrededor de los 1 500 mm, muy inferior al del resto de la Amazonia, que divide a ésta en una sección occidental y otra oriental, y es una barrera para la expansión de numerosas especies. El alto Amazonas, de Obidos a las serranías andinas, es una de las zonas más interesantes en América del Sur por su riqueza florística, y del punto de vista de los recursos genéticos, por los numerosos cultivos que allí se originaron.

La disminución de la humedad al sur de la selva amazónica determina paisajes de bosques abiertos y sabanas. El «cerrado» es un área enorme en el centro de Brasil, relativamente baja, ondulada o con sierras de poca elevación, cubiertas de vegetación arbórea baja, espaciada, siempre verde, más densa hacia las corrientes de agua. La humedad es favorable a la agricultura, cuyo desarrollo es reciente; los suelos son productivos si se aplican fertilizantes químicos.

El noreste de Brasil está en gran parte ocupado por la «catinga», con un bosque claro, deciduo, a menudo con predominancia de palmeras y cactos. Es una zona difícil para la agricultura; ofrece productos naturales para la recolección, como la cera de carnauba al extremo norte. En la frontera con la selva lluviosa, en áreas con unos 1 500 mm de precipitación, hay grandes formaciones de babaçú, importante como fuente de aceite. El cerrado y la catinga son pobres en cultivos autóctonos, en parte por la abundancia de recursos naturales, y por las condiciones adversas para la agricultura permanente.

Entre la catinga y el mar se extiende una franja de alta humedad, con bosque lluvioso, que en Bahía se aprovecha en gran parte para plantaciones de cacao, caña y otros cultivos. Los bosques lluviosos del litoral están interrumpidos al norte de Rio de Janeiro por áreas secas, pero se prolongan al sur hasta casi los 30° de latitud.

Del límite sur del cerrado hasta el trópico de Capricornio, hay varias regiones de paisajes diferentes, que se inician en los contrafuertes de los Andes con las sabanas de palmeras en Bolivia; luego el bosque seco del Chaco, que ocupa la mayor extensión; el gran pantanal en el Mato Grosso, y los bosques mesofíticos que se extienden hacia el este hasta las selvas lluviosas del litoral.

BIODIVERSIDAD DE LA FLORA AMERICANA

La biodiversidad de las plantas de los trópicos americanos comprende dos aspectos, aún no del todo estudiados. El primero es la diversidad de tipos de plantas determinada por la adaptación a un ambiente de mucha competencia, complejo e inestable. A esas condiciones las especies han respondido creando hábitos (epifitismo, parasitismo) que implican cambios completos en el organismo, o adaptando órganos como en las lianas o las plantas flotantes, que se acomodan a necesidades más restringidas.

El segundo aspecto, la riqueza en familias, géneros y especies, ha sido más estudiado, pero los inventarios hechos en el Nuevo Mundo cubren sólo países o regiones muy pequeñas, lo que permite apenas tener una idea de la situación total. Es bien sabido que la riqueza florística aumenta de las latitudes bajas hacia el ecuador, y que alcanza, así como la diversidad de formas biológicas, su nivel más alto en los trópicos húmedos. Se puede estimar entre 60 000-70 000 el número de especies de plantas superiores en los trópicos del Nuevo Mundo. Dentro de ellas un porcentaje muy alto corresponde a familias como las Compuestas, Orquídeas, Rubiáceas, Ciperáceas, Aráceas y Melastomatáceas, que son pobres en órganos que suplen materiales para la alimentación o la industria. Es de esperar, en consecuencia, que no haya correlación entre la riqueza florística de una región y el número de plantas domesticadas en ella. Así, en Costa Rica, con cerca de 10 000 especies de plantas superiores, sólo se domesticó una especie. En Ecuador, cuya riqueza florística no tiene paralelo en el continente, se presume que sólo se domesticaron cuatro especies. Por otra parte, las áreas con mayor riqueza florística son las que ofrecen mejores perspectivas para la utilización futura, especialmente en la industria.

RELACIONES CULTURALES

Es evidente que ni la riqueza florística ni la diversidad de las grandes formaciones vegetales son factores primarios en la domesticación. Ambas condiciones pueden más bien ser negativas; la primera, porque en una gama amplia de productos es fácil encontrar sustitutos si alguno de ellos escaseara; la segunda, porque la abundancia de un producto en una formación natural hace innecesaria su domesticación.

Aunque no puede establecerse con seguridad qué especies se cultivaban en América antes de 1492, su número se estima entre 250 y 300. La gran mayoría de ellas están aún en un estado incipiente de cultivo, y no se les podría aplicar la categoría de domesticadas, si se siguen las normas establecidas por ciertos especialistas que limitan este concepto sólo a las especies que han sido objeto de mejora genética. Pero si se admite que la relación entre el hombre y las plantas cultivadas tiene un sentido más amplio, el desarrollo y aplicación de prácticas de cultivo y la invención de técnicas de utilización, como factores del proceso de la domesticación de una especie, se pueden considerar tanto o más importantes que la mejora genética.

En América tropical la pobreza de los testimonios arqueológicos e históricos hacen muy difícil determinar los factores que indujeron a la domesticación, y a establecer si ésta estuvo circunscrita en el tiempo, o si se trató de un largo proceso, si ocurrió en un solo lugar o en varios, y si se realizó sólo una vez o se repitió en épocas distintas.

La domesticación en el Nuevo Mundo pudo deberse a las mismas causas que se cree operaron en el Viejo Mundo: escasez de recursos de recolección, pesca y caza; presión demográfica; cambios ambientales, o trasformaciones culturales. También se pueden mencionar causas secundarias, como la comodidad de tener un recurso más a mano que irlo a buscar en el bosque, especialmente si sólo requería manejo y propagación fáciles.

Una vez pasada la etapa inicial de domesticación, la expansión de los cultivos expuso a las especies a nuevas fuerzas de selección e incrementó su diversidad. La expansión pudo hacerse por difusión o por emigración, como se describirá más adelante.

DISTRIBUCION DE LA DIVERSIDAD GENETICA

Los recursos genéticos de las plantas cultivadas no tienen una distribución uniforme. Están concentrados en las regiones tropicales y subtropicales, en mayor número de especies y variedades, y son escasos o faltan del todo en áreas muy extensas de las zonas templadas. Vavilov fue el primero en señalar dicha irregularidad en la distribución geográfica, y aunque su explicación ya no es aceptada, su definición de zonas de alta riqueza en recursos genéticos sigue siendo válida y útil. Hay una relación estrecha entre los ocho centros que Vavilov señaló como áreas de alta diversidad y el estado de la agricultura en la época del Descubrimiento. A la llegada de los europeos había en América dos regiones de agricultura avanzada: Mesoamérica, con un área nuclear en México-Guatemala, y los Andes, con un zona similar en el sur del Perú. No sólo la agricultura estaba más avanzada en esas dos regiones, sino también la industria, comercio, comunicaciones y desarrollo urbano. En ellas el progreso agrícola se caracterizaba por el alto número de plantas cultivadas, el reducido número de animales domésticos, el desarrollo del riego y la conservación del suelo, las herramientas adaptadas al trabajo del campo, (para el cual no se contaba con animales de tiro), y una tecnología para la conservación de alimentos mucho más avanzada que la que existía en Europa.

Mesoamérica y los Andes no tenían una comunicación cultural directa. Estaban separados por una región intermedia, que incluía gran parte de América Central y del noroeste de América del Sur, cuyo desarrollo cultural era mucho menor. Había varias plantas que se cultivaban en las dos regiones, lo que representa un substrato común a todo el continente.

El maíz ha sido la planta de cultivo más extenso: desde la desembocadura del río San Lorenzo, en Canadá (52° lat. N), hasta el centro de Chile (35° lat. S), y desde el nivel del mar hasta los 3 900 m de altitud. Los frijoles, Phaseolus vulgaris y P. lunatus, cubrían un área semejante; este último se cultivaba hasta las costas de Brasil. También eran comunes el tabaco y los aguacates. Es de interés indicar que de los géneros Amaranthus, Capsicum, Cucurbita, Gossypium, Physalis, Pachyrrhizus se domesticaron especies diferentes en Mesoamérica y los Andes.

La botánica, la arqueología y la historia han permitido comprobar que ambas regiones tuvieron en sus áreas nucleares un número significativo de especies cultivadas autóctonas; algunas de ellas todavía se encuentran sólo en esas zonas. Las áreas nucleares estaban rodeadas por otras de condiciones ambientales diferentes, en las cuales había plantas domesticadas de origen local. De ello resulta una norma de distribución según la cual el número de especies y variedades cultivadas disminuye de la región nuclear hacia la
periferia.

Al componente local del germoplasma en las áreas nucleares y adyacentes hay que agregar la contribución foránea, a través de introducciones hechas en diferentes épocas y de distintas procedencias. Antes del Descubrimiento ya se cultivaban en Mesoamérica y los Andes la yuca, el camote, el maní y el achiote, posiblemente originarios de otras áreas del continente, y la calabaza (Lagenaria siceraria), probablemente de origen africano, utilizada, desde Estados Unidos a Argentina, solamente por sus frutos, que servían de recipientes. Este proceso de difusión comenzó, en las primeras etapas de la agricultura, por intercambios, robo, guerras y conquistas entre las poblaciones primitivas. El éxito de las introducciones dependió de la capacidad de adaptación de las especies a nuevos ambientes, y de su aceptación por los consumidores. El caso del plátano es ejemplar; fue introducido al inicio del Descubrimiento, y su expansión en América tropical precedió en diez años el desplazamiento de los conquistadores. De menor efecto pudo ser la difusión de cultivares que resultó de la emigración, voluntaria o forzada, de comunidades humanas, pero hay pruebas históricas que la confirman. La concentración de recursos genéticos en Mesoamérica y los Andes, que en el momento de la Conquista eran los asientos de dos imperios muy extensos, se puede explicar por la acumulación de germoplasma durante una larga historia de domesticaciones locales, y la adaptación de cultivos foráneos, en base a unas pocas especies cultivadas comunes a las dos regiones.

Estas dos áreas de concentración intensa de germoplasma ocupan sin embargo una superficie muy reducida. Fuera de los trópicos, al norte de Mesoamérica, hubo pocas domesticaciones aisladas: girasol, aguaturma (Helianthus tuberosus), Iva annua, Proboscidea parviflora, Chenopodium sp., de las cuales sólo las dos primeras se conocen en otras regiones.

La región intermedia se extiende en América del Sur abarcando las cuencas del Orinoco, Amazonas y Paraguay-Paraná. Esta inmensa región cubre las áreas de mayor riqueza en diversidad de especies y ambientes en el continente. En ella se domesticaron especies de importancia mundial: yuca, camote, piña, maní, y muchas de cultivo incipiente. A pesar de su enorme extensión no existen áreas nucleares con alta concentración de germoplasma, y sólo en el alto Amazonas hay una zona indefinida de plantas autóctonas aún en estado incipiente de cultivo. Existen pruebas arqueológicas de una ocupación humana antigua y extensa en la región intermedia, en edad comparable a las ocupaciones en Mesoamérica y los Andes, pero ningún grupo humano alcanzó una cultura paragonable a la de estas civilizaciones. Para explicar la ausencia de una agricultura avanzada, se puede aducir que en ciertas regiones, por ejemplo la Amazonia, imperan condiciones naturales, como la abundancia de recursos alimenticios en plantas y animales que eran suficientes para abastecer a una comunidad, asegurándole durante todo el año una nutrición equilibrada; y que la baja fertilidad de los suelos, las crecidas de los grandes ríos y las sequías prolongadas no favorecieron el desarrollo de una civilización sólidamente arraigada.

Finalmente, en el extremo sur del continente, ya fuera de los trópicos, hubo domesticaciones aisladas. En Chile se cultivaron los cereales Bromus mango y Elymus sp., hasta que los cereales europeos los reemplazaron por completo; una oleaginosa, Madia sativa, se cultivó hasta el siglo xviii. En Argentina y Brasil se inició el cultivo de una hortaliza de importancia mundial, Cucurbita maxima.

Las Antillas no fueron una fuente importante de plantas cultivadas. Sólo el mamey, Mammea americana, que parece tener origen antillano, crece silvestre en las Antillas Mayores, donde se conoce con el nombre de taíno. Es dudoso que el arrorruz (Maranta arundinacea) fuera domesticado en las Antillas Menores como se ha sugerido; pudo más bien haber sido introducido desde América del Sur. Las Antillas, especialmente
La Española, fueron los sitios donde los europeos conocieron primero un buen número de las plantas cultivadas americanas, adoptando para ellas los nombres indígenas, que luego difundieron por todo el continente.

CAMBIOS DESDE EL AÑO 1500

Varios procesos afectaron radicalmente el estado de los recursos genéticos después del Descubrimiento. Su acción varió de un cultivo a otro, fue también desigual según la región, y su intensidad ha sido diversa de acuerdo con la época. Resulta difícil valorar el impacto de esos procesos, así como tener una idea exacta de las pérdidas de germoplasma. Por pruebas históricas se sabe que algunas especies desaparecieron del cultivo, pero no es posible evaluar las pérdidas a nivel de cultivares.

Dos nuevos procesos se observan inmediatamente después del Descubrimiento. El primero fue la introducción del ganado, que condujo a una explotación extensiva, que aún subsiste en algunas regiones de América Latina dentro de marcos coloniales. La ganadería extensiva ocupó primero las tierras de cultivo que los indios abandonaron por la presión de la Conquista o por la despoblación debida a enfermedades. Para sostener la explotación ganadera en las tierras altas se introdujeron especies euroasiáticas de forrajes, y en las tierras bajas, pastos africanos, algunos de los cuales se conviertieron en las peores malezas y eliminaron prácticamente a los pastos nativos.

El segundo proceso fue la introducción de cultivos de exportación —caña de azúcar, índigo, café, banano, palma de aceite—, que se establecieron talando bosques primarios o en terrenos agrícolas destinados a cultivos de subsistencia. Los monocultivos se trasformaron, por la siembra densa y las prácticas agronómicas, en verdaderos desiertos de biodiversidad.

Los procesos de urbanización, si así se puede llamar a la construcción de habitaciones y vías de trasporte, han afectado seriamente la preservación de los recursos genéticos, ya que en América Latina la expansión de las ciudades se ha hecho, en la mayoría de los casos, alrededor de los centros antiguos de población, que estaban circundados por campos donde se practicaba una agricultura intensiva y variada. La urbanización ha provocado cambios en la alimentación, que han disminuido el consumo de alimentos tradicionales.

Las repercusiones que el cambio de variedades ha determinado en la supervivencia de los recursos genéticos han sido de menor importancia en América tropical. En primer lugar, por la falta de programas de mejora genética o selección, en la gran mayoría de los cultivos. En segundo lugar, por la resistencia de los agricultores a adoptar nuevas variedades, especialmente para los cultivos alimenticios. (Los agricultores suelen dudar de las propiedades de las variedades mejoradas cuando no están cabalmente informados acerca de las modalidades de su manejo, y esta incertidumbre les hace preferir las variedades tradicionales.)

Otro factor que ha favorecido la diversidad genética es la siembra de mezclas de cultivares, para asegurar la cosecha de por lo menos uno de ellos. El aspecto estético de esta práctica se refleja en la diversidad de formas, colores y tamaño de frutos, tubérculos y otros productos. En algunos casos los hábitos alimenticios y la superioridad nutritiva y culinaria de los cultivares primitivos han contribuido a su supervivencia.

El DESAFIO DE LA CONSERVACION

¿Qué puede hacer una región formada por más de 30 países independientes, con serios problemas en todas sus áreas de desarrollo, para mantener lo más integralmente posible el germoplasma de unas 350 especies cultivadas? Es mucho lo que se está haciendo a nivel nacional y regional, especialmente en los cultivos prioritarios que despiertan interés mundial. Sin embargo, la capacidad de producción de alimentos del mayor número de cultivos aún no ha sido estudiada.

La preservación de este acervo genético es una tarea compleja, que requiere la responsabilidad compartida de instituciones nacionales y entidades regionales e internacionales, así como decisiones políticas que garanticen la conservación permanente del germoplasma. Como la gran mayoría de los cultivos tropicales tienen semillas recalcitrantes o son de propagación vegetativa, su conservación tendría que hacerse en colecciones vivas. Se requerirá desarrollar nuevas técnicas en el establecimiento y manejo de las colecciones, y su duplicación en sitios diferentes. Como muchos de los cultivos de los trópicos americanos son exóticos, se necesitará más germoplasma y una política internacional de introducción e intercambio. Esta riqueza genética asegurará en el futuro una alimentación rica y variada, y una fuente de productos industriales para los usos más diversos.

La preservación del germoplasma autóctono de América tropical dependerá también del establecimiento de bancos de germoplasma y áreas protegidas. Se basará en el desarrollo de mercados y de tecnología para el manejo agronómico y la preparación para el consumo. Será preciso encontrar usos más diversificados que amplíen el mercado, y lanzar campañas de información acerca de su valor nutritivo y de sus cualidades organolépticas, basadas en los conocimientos tradicionales. Con este fin será preciso intensificar las investigaciones etnobotánicas, y desarrollar un estudio sistemático del manejo agronómico y de las tecnologías de preparación del producto. Ejemplos recientes demuestran que con poco esfuerzo y tiempo algunos cultivos marginados se han podido convertir en artículos para la venta en supermercados. También se han visto fracasos notables por falta de planificación y experiencia. Pero, en los casos de éxito, los enfoques tradicionales relativos a las colecciones vivas y los bancos de semillas se han asociado con la investigación del manejo agronómico y la comercialización.

En el cuadro 1 se enumeran las plantas origibnarias del Nuevo Mundo. Dicho catálogo quedaría incompleto si no se mencionaran las ornamentales y las medicinales.



ORNAMENTALES

Hay pruebas históricas del cultivo prehispánico de especies ornamentales, como Dahlia, Tagetes y otras en México, pero fue en los dos últimos siglos cuando un gran número de especies americanas se introdujeron al cultivo, primero en Europa y luego en Estados Unidos, muchas de las cuales han sido alteradas genéticamente. Entre las familias que han provisto un mayor número de especies, están las Aráceas, Bromeliáceas, Cactáceas y Palmeras. Otras familias de importancia comercial son las Amarilidáceas (Hymerocallis, Hippeastrum, Zephyranthes), las Compuestas (Cosmos, Tagetes, Zinnia), y las Solanáceas (Browallia, Brugmansia, Nierembergia, Petunia, Salpiglossis). Numerosos géneros en familias muy distintas contienen especies de cultivo extenso: Canna, cleome, Euphorbia, Fuchsia, Ipomoea, Salvia, Verbena. Revisten especial importancia las ornamentales originarias de América del Norte, de géneros como Calochortus, Gaillardia, Lewisia y otros, cuyo cultivo se inició en la época colonial y se expandió rápidamente a otras regiones templadas.

CUADRO 1  Plantas cultivadas originarias del Nuevo Mundo, con sus probables áreas de expansión en la época del Descubrimiento

CUADRO 1 Plantas cultivadas originarias del Nuevo Mundo, con sus probables áreas de expansión en la época del Descubrimiento (continuación)(1) 

CUADRO 1 Plantas cultivadas originarias del Nuevo Mundo, con sus probables áreas de expansión en la época del Descubrimiento (continuación)(2)

CUADRO 1 Plantas cultivadas originarias del Nuevo Mundo, con sus probables áreas de expansión en la época del Descubrimiento (continuación)(3)

CUADRO 1 Plantas cultivadas originarias del Nuevo Mundo, con sus probables áreas de expansión en la época del Descubrimiento (continuación)(4)

CUADRO 1 Plantas cultivadas originarias del Nuevo Mundo, con sus probables áreas de expansión en la época del Descubrimiento (continuación)(5)

CUADRO 1 Plantas cultivadas originarias del Nuevo Mundo, con sus probables áreas de expansión en la época del Descubrimiento (continuación)(6)

CUADRO 1 Plantas cultivadas originarias del Nuevo Mundo, con sus probables áreas de expansión en la época del Descubrimiento (continuación)(7)

CUADRO 1 Plantas cultivadas originarias del Nuevo Mundo, con sus probables áreas de expansión en la época del Descubrimiento (continuación)(8)

CUADRO 1 Plantas cultivadas originarias del Nuevo Mundo, con sus probables áreas de expansión en la época del Descubrimiento (continuación)(9)

MEDICINALES

Las plantas medicinales americanas atrajeron una atención inmediata después del Descubrimiento, sobre todo las mexicanas, y con ellas se iniciarion los estudios científicos del Nuevo Mundo. Para la medicina europea, en una etapa aún medieval, el descubrimiento de las propiedades purgativas de Ipomoea jalapa, la raíz de Michoacán, eran según la opinión del Dr. Francisco Hernández (1517-2587) razón suficiente para justificar su expedición a Nueva España. Numerosas plantas fueron incluidas en la farmacopea europea, y algunas de ellas, a pesar de sus sustitutos sintéticos, mantienen importancia mundial: Cinchona, Dioscorea, Ipecacuanha, Smilax. Las tres primeras han sido sometidas a cultivo, pero buena parte de su consumo proviene de recolección. Esta es la fuente de la mayoría de las sustancias medicinales, pues se obtienen de plantas silvestres, y no se conoce con certeza si muchas de ellas tienen las propiedades que se les atribuyen. En el límite del ámbito medicinal están las plantas alucinógenas, distribuidas en numerosas familias de plantas superiores: Cactáceas (Lophophora, Trichocerus), Leguminosas (Adenanthera, Erythrina) Miristicáceas (Virola), o de hongos (Psylocibe).

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El autor de este capítulo es J.Leon (San José Costa Rica)